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Reproductor de música

domingo, agosto 06, 2006

Estética del Jazz: Principales Elementos

Información tomada de ElRincónDelVago:
http://html.rincondelvago.com/jazz_9.html


1.- Introducción: definición de “jazz”

Para contestar a la pregunta ¿qué es el jazz? deberemos crear una respuesta enciclopédica que responda de manera completa y concisa, es decir, que defina. En las enciclopedias encontraremos respuestas no muy satisfactorias, debido a su vaguedad e imprecisión:

  • Forma de expresión musical surgida en las regiones meridionales de EEUU a partir del encuentro de la música popular europea de los colonizadores franceses, españoles e ingleses, y del folclore africano de los esclavos (Enciclopedia Salvat)

  • Música nacida en el siglo XX en EEUU dentro del grupo étnico de los negros, cuya base rítmica proviene de África. (enciclopedia Áreas)

  • Tipo de música norteamericana, especialmente de baile en el que prevalecen la frecuencia de las síncopas y el rápido paso de un tono a otro (Enciclopedia Sopena)

Todas estas definiciones son válidas pero poco aclaratorias e imprecisas

En este sentido los críticos americanos Woody Woodward y Marshall Stearns dieron la siguiente definición de jazz: El jazz es una forma de música de arte que se originó en los Estados Unidos mediante la confrontación de la música europea con la de los negros procedentes de África. La instrumentación, melodía y armonía del jazz derivan principalmente de ls tradición musical de Occidente, mientras que el rimo, el fraseo, la producción del sonido y los elementos del blues se derivan de la música africana. El jazz difiere de la música europea en tres aspectos fundamentales, que le caracterizan:

  • Una relación especial con el tiempo, definida como swing (basado en alargar la primera de cada 2 corcheas, a modo de “atresillamiento”)

  • Una espontaneidad y vitalidad de la producción musical en que la la improvisación desempeña un importante papel.

  • Una sonoridad y manera de frasear que reflejan la individualidad de los músicos ejecutante

  • 2.- Los elementos del Jazz

    FORMACIÓN DEL TONO Y EL FRASEO

    La “diferencia de tono” que existe en el jazz respecto a la música occidental, se basa en lo siguiente: En una orquesta sinfónica, los miembros de la sección de cuerdas (por ejemplo) tenderán a sonar homogéneamente, intentarán que cada miembro tenga un ideal de sonido como parte de todo instrumental, y su habilidad será que sepa realizar ese sonido homogéneo. A un músico de jazz, por el contrario, no le interesará adaptarse a una imagen sonora casi siempre comprometedora, sino que buscará a lo largo de su carrera un sonido propio. Para ese sonido individualista no existen principios estéticos sino más expresivos y emocionales.

    Este valor expresivo también aparece en la música europea, pero lo que cambia es la importancia de ambas tendencias: en el jazz prevalece la expresión a la estética, mientras que en la música clásica, la estética es más importante.

    Esto no quiere decir, ni mucho menos, que el jazz adolezca de “antiestético”, o que no tenga estética. Lo que toca un música de jazz es “verdadero” en un sentido inmediato, ingenuo y “primitivo”, el músico de jazz toca lo que siente, lo que “le sale” o le que se le ocurre”, sin enmarcarse en cánones estéticos. La belleza radica ahí donde contradice los estándares estéticos. Saber escuchar jazz, significa, a grandes rasgos, tener una cierta sensibilidad para poder apreciar este nuevo sentido de “belleza”

    Así, en la literatura del jazz (aunque más, bien deberíamos decir en la discografía del jazz) encontramos sonidos tan personales como el vibrato lento y expresivo de Sydney Bechet, el sonido voluminoso de Coleman Hawkings, el luto de Miles Davis, la sonoridad lírica de Lester Young, el claro brillo de Dizzy Gillespie, e incluso el sonido clásica de Stan Getz.

    LA IMPROVISACIÓN

    En primer lugar, debemos tener en cuenta que la improvisación, a pesar de ser una de las principales características definitorias del jazz, no es algo exclusivo del mismo. Ya hace 200 años, nuestros antepasados iban a ver improvisar Buxtehude, Böhm, Pachelberg,... también posteriormente oían improvisar a Beethoven, Thalberg o Clementi, e incluso en el siglo XIX, los concertistas improvisaban unas cadencias que muchos de los actuales solistas de jazz admiran por su fraseo y estructura.

    La improvisación en el jazz tiene otra concepción diferente a la de la música clásica. Una improvisación en una cadencia romántica, o una ornamentación barroca, etc, está basada en el principio de “fidelidad a la obra”, uno improvisa imitando cómo lo habría hecho el compositor en su época. En el jazz, el intérprete tiene una total libertad para improvisar como quiera sobre una estructura armónica y rítmica dada. E incluso en el llamado “free-jazz”, no existe siquiera esa estructura.

    La improvisación en el jazz se basa en inventar nuevos “coros” (improvisación de longitud igual a la duración del tema) sobre la armonía de un tema dado. Este tema suele ser una de las dos siguientes formas:

    • O bien un tema de tipo song (lied, canción) de 32 compases forma AABA, de ocho compases cada parte

    • O bien una forma blues de 12 compases (de la que hablaremos más adelante)

    El músico de jazz trata de reinventar o improvisar nuevas líneas melódicas por en cima de la estructura armónica de estas estructuras. En el jazz, lo que ocurre es que estos temas se tocan por diferentes intérpretes noche tras noche en diferentes locales, por los que los temas son conocidos por todos los músicos. Este tipo de temas son los denominados “standars”.

    Podemos, a modo de resumen, presentar 6 cláusulas que definen y engloban lo que sería la improvisación den el jazz:

  • Una reimprovisación es tan legítima como una improvisación

  • Lo improvisado sólo puede reproducirlo quien lo ha producido

  • Lo improvisado y reimprovisado son una expresión personal de la situación de quien improvisa

  • Para la improvisación en el jazz se juntan el improvisador, compositor e intérprete en uno solo

  • Un arreglista escribe, a partir de la experiencia de la interpretación improvisada

  • La improvisación en este sentido es indispensable y definitoria de la música jazz

  • EL ARREGLO

    Podríamos pensar que existe una contradicción al presentar como elementos del jazz a la vez a la improvisación y el arreglo. Sin embargo, los músicos de jazz consideran el arreglo no como un obstáculo ala libertad improvisadora, sino como una ayuda. Un arreglo lo podemos definir como una improvisación fija y repetible. En una ejecución de un tema arreglado, (típico para big bands, quintetos, octetos, etc.) los músicos tocan una improvisación escrita por el arreglista sobre el tema dado, con diferentes voces, ritmos, etc. Posteriormente, los solistas hacen sus coros de improvisación (sólos) alternando con el arreglo escrito.

    EL BLUES

    Para definir la palabra “blues” vamos a analizar sus diferentes acepciones: ambiental, racial, sociológica, musical y formal.

    Desde el punto de vista ambiental (en la época) el blues es un sentimiento que se caracteriza por la apatía, la tristeza, la desgana, .. debido a las condiciones sociales negativas que acaecían en la rutina diaria de los negros americanos de principio de siglo.

    Desde el punto de vista formal, el blues representa un esquema armónico de doce compases que tienen por base los tres acordes fundamentales de la tonalidad: tónica, dominante y subdominante dispuestos de la siguiente manera:

    Jazz

    Esta estructura de acordes de 12 compases es común en todos los blues desde los más antiguos, sin embargo, se puede complementar con armonía más compleja sin dejar de tener la misma función, a partir de dominantes y subdominantes secundarias, sustitución de acordes con la misma función, tensiones, etc.

    Desde el punto de vista musical, debemos tener en cuenta que los negros que comenzaron a a hacer música en América, enfrentados a la música europea, adaptaron con asombrosa rapidez su sentimiento musical pentatónico a nuestro sistema tonal europeo. Eran problemáticos los grados tercero y séptimo que no existen en el sistema pentatónico. Esto lleva a que los músicos toquen y canten la tercera y la séptima mayor o menor indistintamente (según el sentimiento o la intención) sin amarrarse a normas armónicas, esto crea una nueva sonoridad emocionalmente ambigua. Las escalas pentatónicas mayor y menor eran usadas indistintamente sobre un acorde mayor, por tanto aparecen unos choques de tercera mayor y menor a la vez o de séptima mayor y menor. Estas notas que entran en el sistema del blues pero se escapan de la explicación armónica europea se denominaron “blue notes” ya que son la que caracterizan la sonoridad.

    El blues tiene también un fuerte componente racial, significa un sentido de la vida realmente negro en el mundo blanco. Durante decenios se consideraba al blues como el último reducto de la música negra que ningún blanco pudo tomar jamás. Se consideraba que lo blancos no podían tocar blues (porque no eran capaces).

    EL RITMO Y EL SWING

    Todo grupo u orquesta de jazz consta de 2 secciones:

    • Sección melódica: trompeta, trombón, clarinete saxos, etc

    • Sección rítmica: batería, bajo y piano y guitarra (estos dos últimos cuando no tienen un plano melódico o solista)

    La sección rítmica adopta un papel de soporte a la melodía o improvisaciones que hace la otra sección. Esto crea una multiplicidad rítmica característica del jazz. El ritmo cobra en el jazz una importancia porcentualmente mayor que la que existe en la música clásica. Esto no quiere decir que en la última no tenga importancia el ritmo, si no que su importancia relativa es menor.

    Una de las principales apreciaciones que tenemos al escuchar jazz es su carácter rítmicamente inestable y flotante. Esto es debido a que en un compás cuaternario no se acentúan los tiempos fuertes (1 y 3) sino los débiles. En los diferentes ritmos lo hacemos de diferente manera:

    Jazz

    En los primeros ritmos usado en el jazz (como el Ragtime de Nueva Orleáns en los años 20, ) todavía se acentúan los tiempos fuertes pero ya en los otros se acentúa el 2 y el 4.

    A lo largo de historia del jazz, estos ritmo se han ido mezclando con otros de tipo étnico, popular, etc. apareciendo lo que se denomina el jazz de fusión. En tre los diferentes estilos, cobra importancia la bosanova, el rythm & blues, el soul, los ritmos latinos, etc.

    La explicación de lo que es el swing es algo más difícil de representar. Aunque en el anterior ejemplo “c” lo hemos representado sobre el papel, realmente no se puede escribir ya que no es exacta su representación. El swing surge a raíz del choque de los ritmos africanos (no basados en el beat) con la música europea. Se da al intentar integrar un ritmo irregular en un compás de binario. Su representación escrita es algo parecido a lo escrito anteriormente pero no está en su sitio. Para poder tocar swing hay que sentir el swing, no se trata de colocar la corchea antes o después, es cuestión de sentimiento, como dice el baterista Jo Jones. Es por esto que en el llamado jazz sinfónico (mezcla de música clásica y jazz) no suene igual el swing, ya que los músicos que lo tocan son de formación académica y el swing no es algo que se pueda aprender ni sistematizar en un estudio, es algo que se escucha, se siente, se entiende y se adopta como propio.

    3.- Conclusión

    Aunque a lo largo de esta exposición he tratado de exponer lo que serían los elementos descriptivos y definitorios del jazz, debo reconocer que ni son todos los que están ni están todos los que son. No es imprescindible que el jazz tenga todos estos elementos ni mucho menos que no pueda disponer de otros que no he enumerado. Tampoco hay que olvidar que el jazz es una música en constante evolución y desarrollo, por lo que sus posibilidades de apertuyra a fusiones, improvisaciones,etc. son infinitas. El propósito de este estudio es hacer una aproximación más o menos explícita y ordenada de lo que entendemos por jazz, sin ninguna otra aspiración.

    Juan Cortés. Alumno de Chano Domínguez

    Por Faustino Núñez

    Información tomada de DeFlamenco:

    https://www.deflamenco.com/tiendaflamenco/ver.jsp?cod=1293





    El pianista Juan Cortes publica su disco de debub JUREPÉN.

    Alumno entre otros de Chano Domínguez, estrena este nuevo tabajo en el que enriquece el flamenco con el mejor piano de jazz y latinjazz. Posee uno de los toques más flamencos que podemos hoy reconocer en un piano.

    Su piano dibuja una armonía con acordes más cercanos que nunca a la guitarra flamenca. Doce números con gran variedad de toques componen Jurepén cuya producción corre a cargo de Guillermo McGill, Juan Cortés y su hermano Salva Cortés. En el han colaborado, entre otrso Jorge Pardo, Montse Cortés y Bernardo Parrilla.

    Destacamos, el primer single extraído de este trabajo y titulado Tangos del puchero. Encontramos además las bulerías Asako y Una luna en el agua. Poderosas rumbas que titula Que sí, está buena. En Chaneando (homenaje al pianista gaditano) encontramos el aire rítmico de un blues de dode tiempos, montado sobre la clave de soleá por bulerías. Temas espléndidos como Del Mar, Ojos negros, Jurepén, 100% Tomás, y esas Granaínas, acompañando el cante a su Abuelo Juan (grabado en casa hacia 1972), un feliz experimento de resultado delicioso.

    1. Tangos del Puchero
    2. Del Mar
    3. Asako
    4. La Rosa
    5. Jurepén
    6. Playa del Moro
    7. Ojos negros
    8. Chaneando
    9. Abuelo Juan
    10. Una luna en el agua
    11. Que sí, está buena
    12. 100% Tomás

    Flamenco en un piano
    Introducción de FAUSTINO NUÑEZ

    Transportar la guitarra flamenca al piano, trasponer la armonía de la guitarra, con los seis tonos distribuidos de forma inconfundible, en el arpa de un piano, recrear en fin las seis voces de la reina del flamenco, la guitarra, sobre el teclado del instrumento rey, es una tarea difícil y arriesgada, y el ideal de un buen número de "pianistas flamencos" que han decidido adentrarse en las veredas de la música española y recorrer los caminos múltiples del flamenco. En el caso de JUAN CORTÉS, partiendo del flamenco, se enriquece pronto con el mejor piano de jazz y latinjazz, para regresar a lo jondo por derecho.

    JUAN CORTÉS MARTÍ, de ascendencia valenciana, vino desde Tortosa a recalar en Barcelona y Madrid, juntándose con los mejores del género y, tras unos años regalándonos uno de los toques más flamencos que podemos hoy reconocer en un piano, graba por fin su primer disco, mostrando gran calidad como intérprete y diestro compositor. Alumno entre otros de Chano Domínguez, artífice principal del nuevo piano flamenco, Juan dibuja una armonía con acordes más cercanos a la guitarra flamenca, que aquella de talante más jazzero de su maestro, sintiéndose además arropado por la majestuosa figura de Paco de Lucía, y el estremecedor eco de Camarón.

    El flamenco da con este disco un importante paso adelante, sino escuchen ustedes, por ejemplo… las bulerías Asako, toda una evidencia de dónde nos encontramos, un derroche de aromas al galope del aire buleaero, saltos de sabor que sorprenderán al buen escuchador.

    El toque de Juan Cortés es el resultado de haberse tomado muy en serio el reto, con una rítmica flamenquísima, segura de por donde hay que caminar. Con esas escalas descendentes que retan a los picados más endiablados, usando los modos flamencos con soltura, sin cortapisas, sabiéndolos. Incluso en las Granaínas Abuelo Juan, acompañando el cante de su abuelo (¡ole la buena afinación!) grabado en casa hacia 1972, un experimento feliz de resultado delicioso.

    En total doce números con gran variedad de toques, abren el disco los Tangos del puchero; por bulerías Asako y Una luna en el agua, toda la carne en el asador; el poliritmo del tanguillo bien exprimido en La Rosa; las alegrías Playa del Moro, en Alcocebre (Castellón) donde vive Juan, un toque actualísimo de piano por Cádiz; las poderosas rumbas que titula Que sí, está buena, servidas calientes y en su salsa, rozando en los montunos la densa atmósfera de la timba; y además tres números vaciados en ese gusto nuevo de la música flamenca cuyos principales ingredientes son el aire rítmico de un blues de doce tiempos, montado sobre la clave de soleá por bulerías. Hecho aquí de tres formas: en Chaneando, como homenaje al pianista gaditano, ambientado en los sonidos de la soleá-blues, en Del Mar, un seis por ocho de aroma moruno, y en Ojos negros, haciendo sitio a la improvisación más jazzera en formato de trío, muy flamenco; Por otra parte en Jurepén (sentimiento en caló) la melodía es llevada al trote sobre un ostinato de trémolos, en un estilo que cabalga con soltura por la música clásica española, y que escuchamos también en Del Mar. Como colofón, 100% Tomás, Tomasito acordándose de Lola Flores e inspirado en Diego Carrasco, deja una personal posdata al disco.

    Con Juan, elegidos entre los mejores, su hermano Salva, fenómeno en el cajón y las palmas, Don Tomás Moreno Romero "Tomasito" poniendo calor al discurso, la batería de McGill, allí dónde está la mejor música, el bajo de Pablo Martín, aportando su toque certero, el violín de Bernardo Parrilla, único, el cante de Montse Cortés y El Ciervo, imprescindible aderezo del nuevo flamenco, la flauta y saxo de Jorge Pardo, el reconocido maestro poniendo su arte en el estreno discográfico de este joven músico mucho más que prometedor, la personalísima armónica de Antonio Serrano, el bajo eléctrico de Alain Pérez, tumbando sabroso los aires flamencos, como hace el Piraña en las tumbadoras y la darbuka, la cubanísima trompeta de Machado y el trombón de Carlos Martín, o los pies magníficos de José Maya y María del Mar Martínez, los coros de Samara y Araceli Losada y las palmas de Eduardo Cortés.

    Aquí escuchamos música de la mejor, hecha en España, en ocho días y con el corazón, un soplo de ánimo para tiempos bélicos.

    El Piano. Entre Blancas y Negras



    La música, sea académica, popular o de otro origen, cuenta en el piano con un aliado que puede enriquecer cualquier composición con un amplio abanico de matices sonoros. En su definición técnica más simple, este instrumento, perteneciente a la familia de las cuerdas, consiste en un teclado que al ser accionado impulsa una especie de martillos forrados en fieltro que golpean cuerdas metálicas, produciendo así el sonido.

    Los antecesores inmediatos del piano son el Clavicordio y el Harpiscordio, instrumentos mecánicos cuyos orígenes se remontan a los siglos XII y XIII. Ambos, ya menajaban la idea de estimular las cuerdas a través de algún dispositivo que se antepusiera entre éstas y los dedos del intérprete. Esa así como el Clavicordio, a través de un teclado, "enganchaba" e inmediatamente soltaba la cuerda mediante un clavo o aguja, logrando así su excitación. En el caso del Harpiscordio, las cuerdas vibraban, estimuladas por un plectro (especie de palillo) o la nervadura de plumas de aves. Años y siglos atrás se encontraban "familiares" lejanos, instrumentos cuyas cuerdas se tocaban generalmente con los dedos, como es el caso del dulcémele, el salterio, el monocordio; usado por el filósofo griego Pitágoras para sus estudios sobre los intervalos musicales, y, el más antiguo de todos, la cítara, cuyo origen remonta al año 3.000 antes de Cristo, en África y el sureste de Asia, durante la Edad de Bronce.

    Cómo se llega al Piano Forte
    La creación del primer piano se le atribuye a un constructor de clavicordios italiano, originario de Padua, de nombre Bartolomeo Cristofori. Hacia finales del siglo XVII, Cristofori, quien trabajaba a la orden del duque de Toscana, inició el diseño de un nuevo instrumento similar al Clavicordio y al Harpiscordio, sin embargo, la novedosa propuesta incluía un mecanismo que permitía variar la intensidad con la que se producía el sonido, variando su tono y volumen, según la fuerza aplicada a la cada tecla del instrumento. La revolución que iniciaba Cristofori era clara, el Clavicordio y el Harpiscordio sólo podían producir un sonido estridente, siempre con el mismo volumen, mientras que el nuevo instrumento ofrecía nuevos matices y una amplia capacidad expresiva.

    Haciendo referencia a su capacidad de producir sonidos de diferentes intensidades, Cristofori bautizó su creación como Piano Forte, que en español se traduce en "Suave Fuerte". Con el pasar del tiempo la palabra Piano se impuso y el nombre se simplificó.

    Se estima que la aparición formal del Piano Forte de Cristofori ocurre durante el primer decenio del siglo XVIII. Posteriormente, el creador italiano construiría tan sólo dos pianos. Del trío de instrumentos uno se conserva en el Museo Metropolitano de Arte de New York.

    Cumplido el primer cuarto de siglo del XVIII se multiplica el interés por la construcción de pianos. Gottfried Silbermann, un fabricante de orgános de Freiberg, en Sajonia, sigue los pasos de Cristofori. Tras algunas solicitudes del compositor Johan Sebastián Bach, Silbermann suma algunas modificaciones al instrumento ideado por Cristofori. Po su parte, Johann Andreas Stein, discípulo de Silbermann, añade nuevas mejoras al instrumento e impulsa lo que se conocería como la escuela vienesa de piano, que posteriormente sería ampliamente reconocida por Wolfgang Amadeus Mozart.

    Demás discípulos de Silbermann tomaron otros rumbos, llegando a Londres, donde tras aplicar notorias modificaciones al modelo de Cristofori terminaron diseñando lo que se convertiría en el "Mecanismo inglés".

    A su vez, en geografía francesa, Sébastien Érard fundó otra escuela para la construcción de pianos, ya hacia finales del siglo XVIII. Mientras tanto, cruzando el Atlántico, se construía el primer piano americano, en la ciudad de Filadelfia.
    Culminando el XVIII e iniciando el XIX se amplía enormemente la producción y aparecen numerosas modificaciones que se mantienen hasta nuestro días. En 1795, William Stodart construye en Londres el primer piano vertical. Durante las tres primeras décadas del XIX, Érard continúa su trabajo en Francia, donde patenta sus mecanismos de repetición simple, de pedales y de doble repetición.

    Hacia 1830 se crean, una en Austria y otra en Estados Unidos, dos de las más grandes fábricas, que se encuentran actualmente entre las más reconocidas. Ignaz Bösendorfer funda su fábrica en el país europeo, mientras que el alemán Heinrich Steinweg da vida en Nueva York a Steinway and Sons. También destacan, en Alemania, las factorías de Carl Bechstein, asentada en Berlín, y la de Julius Blüthner, en Leipzig.

    Steinway diseña y construye a mediados del siglo XIX el piano vertical moderno y años después perfecciona el pedal Sostenuto. Paralelamente, Blüthner patenta un sistema que incrementa la resonancia del instrumento sumando una cuarta cuerda a cada grupo de éstas.

    Desde el Piano Forte de Cristofori hasta los pianos modernos se han ideado numerosas modificaciones y mejoras, sin embargo, siempre manteniéndose el principio del italiano, que permite producir sonidos de distinta intensidad, tanto suaves como fuertes.

    La actividad artística
    En 1732, tras poco años de aparecer el Piano Forte, se dan a conocer las 12 Sonatas de Giustini, las primeras composiciones específicas para el entonces novedoso instrumento.

    En 1762, Henry Walsh ofrece en Dublin el primer concierto de piano que se conoce a lo largo de la historia.

    Las capacidades expresivas del piano abren infinitas posibilidades y recursos a los creadores. Lo demuestran obras como las sonatas para piano Opus 2 de Muzio Clementi, presentadas en 1773.

    Las grandes composiciones no tardan. Inevitablemente se asocia al instrumento a un necesario virtuosismo. Compositores crearon e interpretaron, deleitando durante el XVIII y XIX Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwing van Beethoven, Frédéric Chopin y Franz Liszt. Robert Schumann tenía en su esposa, la alemana Clara Schumann, a su mejor intérprete. El ruso Anton Grigórievich Rubinstein dominó y cerró la escena del XIX. El polaco Ignacy Jan Paderewski, los polaco-estadounidenses Josef Hofmann y Arthur Rubinstein y la venezolana María Teresa Carreño ofrecieron su talento a lo largo del mundo durante el inicio del siglo XX. Posteriormente ha sido un numeroso grupo de compositores e intérpretes, entre ellos el ruso Serguéi Rajmáninov, el austríaco Artur Schnabel, el alemán Walter Gieseking, el español Ricardo Viñes, la brasileña Guiomar Novaes, los soviéticos Emil Gilels y Sviatoslav Richter, el chileno Claudio Arrau, el checo Rudolf Serkin, el soviético Vladimir Horowitz, la española Alicia de Larrocha, el controversial anglo-austríaco Alfred Brendel, el canadiense Glenn Gould, los estadounidenses Van Cliburn y Murray Perahia y el soviético Vladimir Ashkenazy.
    [ | ENLACES | ] Steinway & Sons
    Bösendorfer Fotografías tomadas de:

    http://www.baldwinpiano.com

    Mecanismo del Piano


    Mecanismo actual

    Elementos internos

    La construcción actual sigue en sus grandes líneas la del siglo XIX: no hay ninguna innovación tecnológica importante. Al presionar la tecla lo primero que sucede es que el macillo se pone en movimiento en dirección a la cuerda que es liberada por el apagador justo antes de la percusión. Cuando el macillo golpea la cuerda se produce el sonido, el siguiente paso es la caída del macillo hasta ser recogido por el atrape a una distancia aproximada de 2 centímetros. Al soltar lentamente la tecla se libera el conjunto de palancas del escape y el macillo vuelve a estar en posición para volver a tocar la cuerda. Si retiramos la presión por completo, todo el sistema vuelve a su estado de reposo en el que el apagador tiene la misión primordial de interrumpir el sonido.

    Elementos externos

    Tapa armónica

    Es el verdadero elemento de resonancia del instrumento. Sin ella una cuerda no produciría más que un sonido pobre. La calidad y homogeneidad de la madera de la que está hecha son primordiales. La tapa armónica de un piano de cola moderno, construida generalmente en madera de abeto, tiene un espesor de 8 mm, el doble de la de un pianoforte.

    Caja

    La caja, o mueble, prolonga la función de la tapa armónica. Está reforzada por un barrado para sostener el peso de la placa de hierro, fundida en una sola pieza.

    Cuerdas

    Están tensadas sobre un puente según el principio de todo instrumento de cuerda. En nuestro caso está enormemente agrandado, dado que las 224 cuerdas generan una tensión del orden de las 15 a 20 toneladas, dependiendo proporcionalmente de las dimensiones del instrumento. Cada cuerda debe ser afinada correctamente. Para ello se enrosca en su tramo final sobre un eje insertado en el clavijero, y se obtiene un tono más agudo o grave según el sentido de giro. Ni que decir tiene que esta labor debe realizarla un profesional, que ajustará cada cuerda a su afinación exacta. Las cuerdas del extremo grave, las de mayor longitud, también llamadas bordones, son de acero hilado en cobre, y se disponen individualmente. En el registro grave se colocan dos por tecla, y en el resto tres. Estas últimas sólo son de acero. La longitud y grosor son directamente proporcionales a la gravedad de la cuerda, es decir, a tonos graves, mayor grosor y longitud, y a tonos agudos, menor grosor y longitud. Por ello, si examinamos visualmente un piano por dentro se aprecia a simple vista la gran longitud de las cuerdas situadas hacia la izquierda, mientras que las de la derecha son casi diminutas, y también se aprecia que en una determinada nota las cuerdas comienzan a tener un recubrimiento de cobre para aumentar el grosor. La longitud de las cuerdas más graves incide proporcionalmente en las dimensiones exteriores del instrumento, y así es posible encontramos con pianos de más o menos "cola": por supuesto, a mayor dimensión mejor calidad de sonido. Este principio incide también en el piano vertical en cuanto a su altura.

    La tapa superior

    Tiene la función no sólo de cerrar el mueble, sino también proyectar el sonido al público. Tiene diversas posiciones según la potencia solicitada: para un concierto solista debe estar en su posición más alta, en cambio, acompañando a otros instrumentos se debe situar en la más baja.

    Tenemos por tanto, una caja de resonancia y un arpa con múltiples cuerdas. El mecanismo que las hace vibrar es muy preciso, pero su principio básico no ha cambiado en su fundamento desde los inventos de Erard. El efecto tímbrico del sonido se manifiesta por una percusión bastante corta, seguida de una resonancia larga, cuyo color y curva de sonido dependen en gran manera de la tapa armónica. Por tanto, el mecanismo se dirige a controlar lo mejor posible estas dos dimensiones: percusión y resonancia.

    Se golpea la cuerda con un macillo de fieltro duro. Éste comunica velocidad a la cuerda: si va rápido, la vibración será importante y el sonido se escuchará fuerte; si va lento, la cuerda vibrará con menos potencia y el sonido será débil. El impacto entre el macillo y la cuerda es siempre muy breve, ya que rebota. Una vez la cuerda entra en vibración apoyada por la tapa armónica produce el sonido, realzado en belleza por las cuerdas más cortas y agudas, que al no llevar apagador entran en resonancia. Si además levantamos todos los apagadores con el pedal derecho, la resonancia antes citada se aplica a todas la cuerdas del piano, con lo que el sonido se incrementa en potencia y belleza. Una vez la tecla ha sido pulsada se pueden realizar tres acciones:

    • levantarla a medio camino y volverla a presionar, con lo que repetimos el sonido sin cortarlo

    • levantarla totalmente con lo que el apagador vuelve a su posición de reposo y extingue definitivamente la vibración de la cuerda

    • simplemente, esperar a que se extinga el sonido por sí solo, es decir, no levantar la tecla.

    Los pedales

    El pedal derecho, también conocido como pedal fuerte o de resonancia, permite, como ya hemos mencionado, levantar todos los apagadores al mismo tiempo. Esto añade a la resonancia de las cuerdas en vibración, la de toda la tapa armónica y de las cuerdas que reaccionan por simpatía, es decir, entran en relación concomitante con la nota tocada, siendo las más audibles las que están a distancia superior de octava, quinta, tercera y séptima. Para entender claramente qué es la vibración por simpatía podemos hacer el siguiente experimento: toquemos fuertemente una nota, por ejemplo el do1. Antes de que se extinga el sonido (hay tiempo suficiente para hacerlo), bajemos muy lentamente la tecla de la nota do2. De esta forma evitamos que el macillo obtenga velocidad e impulso para golpear la cuerda y por tanto no debería entrar en vibración, pero, al levantar la tecla do1 no obtendremos el silencio, sino que percibiremos claramente el sonido de la tecla do2 que está resonando por simpatía. El pedal fuerte añade, pues profundidad de sonido y asume en cierta forma el papel de cámara de reverberación, coloreando y alejando la fuente. Por tanto, no es exacto llamarlo pedal "amplificador", sino más bien, pedal de resonancia.

    El pedal celeste (situado a la izquierda) modifica el timbre: todo el mecanismo del piano se desplaza y esto es claramente visible desde el exterior: (sitúate sobre la imagen para 'poner' el pedal celeste)

    Esto provoca que el macillo, en vez de golpear las tres cuerdas, sólo golpee dos o incluso una según la calibración. Esto produce un primer efecto de disminución de la potencia sonora, y un segundo en la alteración del timbre: ya que la tercera cuerda entrará en vibración por simpatía. En los registros donde hay dos cuerdas, sólo se golpea una y, donde hay una, también obtenemos una disminución del sonido, ya que la zona del macillo que golpea la cuerda estará algo menos castigada por el uso, es decir, es más blanda y por tanto la percusión más suave (puede que alguien ‘espabiladillo’ piense que en un piano nuevo no hay diferencia cuando la cuerda está sola: pues bien, está en lo cierto). Tenemos que advertir que en el piano vertical no se da esta cualidad, tan sólo se acercan los macillos a las cuerdas para que al tener menor recorrido de ataque percutan con menor intensidad, por tanto, el timbre no varía en este caso.

    El tercer y último pedal, el central, o más exactamente pedal tonal, no existe más que en los pianos de cola, y no en todos ellos. Su función es mantener en alto los apagadores de sólo las teclas que estén bajadas, es decir, pulsamos do1, pisamos el pedal tonal y a partir de ese momento podemos soltar nuestra tecla, que seguirá sonando independientemente incluso del uso del pedal fuerte. Claro que al final ¿se extinguirá definitivamente el sonido? no si percutimos otras teclas que hagan resonar por simpatía a la nuestra. Se suele utilizar para prolongar sonidos bajos cambiando la armonía en los más agudos.