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domingo, julio 29, 2007

Memorable lección magistral

Un artículo de J.J. Forcada, Información recopilada de NoticiasDeGipuzkoa:



wayne shorter demostró que se merecía el premio desde hace tiempo

Recibió una gran ovación tras un emotivo concierto que rayó la perfección


Se lo merecía desde hace tiempo y fue ayer cuando Wayne Shorter recibió el Donostiako Jazzaldia. Era su cuarta visita al festival. En 1984 estuvo al frente de Weather Report, en 1988 junto a Carlos Santana y en 1990 con Larry Corryel.

Tras haber formado parte de los Jazz Messemgers de Art Blakey de la banda de Miles Davis o haber liderado el grupo Weather Report, Shorter es, a sus 73 años, una de las indiscutibles referencias en el jazz de las últimas décadas. Se presentaba con un acompañamiento de autentico lujo con los que ya viene trabajando en los últimos años: Michel Camilo en el piano, Brian Blade en la batería, y John Patitucci en el bajo. Y esta vez, además, como invitado especial estuvo el quinteto de viento de música clásica Imani Winds.

Shorter ofreció uno de los conciertos más serios y sólidos de esta 42 edición. Es realmente difícil explicar con palabras más allá de lo extraordinario el fabuloso concierto de ayer. Con un Auditorio Kursaal prácticamente lleno, el concierto comenzó con Imani Winds. En vez del Jazzaldia, parecía la Quincena. Comenzaron con una soberbia interpretación de Andalucía , de De Falla, aplicándole una sonoridad muy especial.

La clarinetista, Marian Adam, sin ningún tipo de amplificación, presentó en un casi perfecto español las piezas. Continuaron con Fuga Misterio, en una adaptación del único hombre del quinteto, el trompa Jeff Scott. Con una tonalidad grave, la pieza ofrecía un colorido atractivo. Antes de dar paso al protagonista de la noche, el quinteto interpretó Terra Incognita , un encargo hecho a Shorter por Imani Winds.

Por fin llegó el momento de Shorter. El contrabajista Patitucci empezó a engrasar la maquina y, poco a poco, se fueron instalando Brian Blade con la batería, Danilo Perez con el piano y Shorter. Esto eran palabras mayores. Se notaba que la tarde iba a ser memorable, y lo era. El primer tema fue Zero Gravity , una larguísima pieza de media hora en la que la libertad creativa de la que goza cada uno de los músicos es absoluta, siempre al servicio de la totalidad.

El jazz se fundía con sonidos contemporáneos. Todo parecía sosegado pero a la vez había una sensación de dramatismo y, por momentos, de violencia. El piano de Danilo amansaba a las fieras. Shorter dejaba el saxo y se pasaba al soprano. Sonaba de maravilla antes de terminar con una rotundidad indescriptible.

Volvió el quinteto al escenario hasta haber nueve músicos en escena, que tocaron Prometheus unbound. El quinteto iba coloreando, matizando, aún más si cabe, la gran obra que estaban construyendo Shorter y compañía. Patitucci y Blade fueron colosales y la pieza, por momentos, tomó aires de grandiosidad. Shorter volvió a dejarnos boquiabiertos. Siguieron con The 3 Marias. El listón seguía altísimo y el deleite, también. Grandísima ovación, como grandísima la emoción por asistir a un momento especial, extraordinario. La propina es Pegasus, otro tema de Shorter que raya a gran altura. Se jugó con los contrastes, delicadeza, y de nuevo violencia. Enorme. !!!Que premio más merecido Wayne!!!

Jorge Pardo. Vientos Flamencos

Información recopilada de Flamenco-World

http://www.flamenco-world.com/magazine/about/jorge_contraclub/ejorg

CUESTIÓN DE OXÍGENO

‘Vientos flamencos’. Jorge Pardo: saxo y flauta. Juan Diego: guitarra invitada. Nacho Arimani: percusión.

Se acabaron las multitudes. Jorge Pardo se escapa de la populosa gira de Chick Corea para reencontrarse con el placer de tocar en la más absoluta intimidad. El saxofonista eligió una pequeña sala de conciertos, la madrileña Contraclub, para presentar en directo varias de las piezas de su nuevo álbum -en descarga en Flamencodigital.com- y repasar una selección de piezas de su repertorio. Y para ello contó con la inestimable colaboración de un viejo compañero de músicas, el guitarrista jerezano Juan Diego. Juntos trazaron un recorrido musical de alta calidad en el que la respiración, la sensibilidad, el disfrute y el gusto por compartir se hicieron protagonistas.


Jorge Pardo (Foto: Daniel Muñoz)

El minúsculo local atiborrado de gente. Concierto en familia. Sólo una base de percusión sobre una calabaza de Nacho Arimani y el molesto zumbido del aire acondicionado acompañan a Jorge Pardo en su infinito solo de introducción. Canta con la flauta. Vuela con la flauta. De la más rancia tradición del cante a Manuel de Falla, pasando por otras galaxias propias y ajenas. Cuando ya está la audiencia totalmente dentro, llega Juan Diego a seguir con la sesión de hipnosis. Trae nuevos aires, los que van conformando el disco que ya está grabando en Estados Unidos. Acomete la pieza con tiento, insuflándole oxígeno a las seis cuerdas. Hipersensibilidad. Jorge Pardo se reincorpora para emprender el diálogo. Las alegrías ‘A tu mare Rosa’. De Jorge a Camarón. de Camarón a La Perla. Recorridos de mil texturas, de mil intensidades. Y que no falte el pellizco jondo a la fiesta. Momento de rescatar una pequeña joya musical, el ‘San José’ del álbum ‘Mira’, una composición de Antonio Soteldo ‘Musiquita’ que emparenta el joropo venezolano y la soleá. Tiempo a continuación para hacer referencia a los tangos de ‘Luminaria’ de Juan Diego. La voz de Remedios Amaya encuentra digno suplente en el saxo de Jorge Pardo. Fiesta.

La celebración continúa con otro avance del segundo disco del guitarrista jerezano. Pieza lumínica firmada también por Musiquita y reconvertida en bulerías por Juan Diego. Delicia para el oído, alimento para el alma en busca de luz. Toque que es sólo caricia. Y ya al final, un guiso de soleá y bulerías cocinado a fuego lento, a tres bandas. Juan Diego toma el legado de los maestros jerezanos del toque. Jorge Pardo rebusca las melodías con total comodidad. Las miradas entre ambos son libros. Ahora tú. Y también el percusionista tendrá su hueco, libre pero apoyado en todo momento por sus compañeros de reunión. Suave marea. Instrumentos que se recrean sin prisas. El flamenco retoma la libertad, pues en esta conversación de amigos no hay más norma que el disfrute, el respeto y la recíproca admiración. Todo fluye.


Jorge Pardo, Juan Diego y Nacho Arimani (Foto: Daniel Muñoz)