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sábado, septiembre 09, 2006

Paco de Lucía - Festival Jazz Vitoria 2006

Artículo de Carlos Galilea. El País, Radio3.

Lleva el nombre de su madre, la portuguesa Luzia, pero todo lo que es probablemente se lo deba a su padre. Fue él quién le obligó a estudiar en serio. Cuando se dio cuenta, el pequeño Francisco tenía una guitarra en las manos, conocía el compás y sabía tocar.

Talento y diez horas diarias que le echaba a la guitarra. Y la suerte de oír música desde que nació. Le impulsó la desazón de ver cómo su padre se iba a tocar de noche para señoritos por los pocos duros que cayeran: nunca faltó en casa café y pan con manteca.

Junto a su amigo Camarón, Paco de Lucía –se sintió muy solo tras la muerte del cantaor- sacó al flamenco de aquellas juergas que no eran de vino y alegría para todos. Un gitano y un payo, innovando desde la tradición, con conocimiento, sensibilidad e intuición, supieron torcer el menosprecio a una música considerada del lumpen y la taberna.
Creó esa forma de tocar, rápida, rítmica, armónica, poderosa… Con una técnica portentosa en la ejecución y limpieza de las notas. Cuenta que tocaba con rabia por inseguridad: lo que le gustaba era cantar. Y se convirtió en uno de esos genios que se lo ponen difícil a quienes vienen detrás. Además, trajo del Perú un cajón que parece haber sido fabricado para el flamenco y que se ha vuelto tan imprescindible como las palmas.

Sabe del desasosiego y la angustia que produce crear. Se atormenta con la responsabilidad. Y si no le abrumó que le dieran el Príncipe de Asturias, a él que se confiesa muy metío pa´dentro, fue por cuanto supone de reconocimiento oficial para un arte maltratado. Hace años se refugió en Playa del Carmen: para escapar de esa guitarra que le atrapa y martiriza. Un equipo de televisión rodó un excepcional documental en su refugio de la península del Yucatán. La cámara mostraba a un hombre relajado, dedicado a comprar en el mercado, a disfrutar de la pesca submarina… Que se ponía melancólico al pensar en volver a la rutina de maletas, hoteles y aeropuertos.

Hoy vive en España. Se compró una casa en el centro histórico de Toledo y ha grabado ‘Cositas buenas’ tras años sin disco nuevo. El hijo de la señora Lucía y don Antonio, aquel niño de Algeciras que, en el fondo, nunca se fue de allí, el Mambrú que jugaba en los billares de la plaza de Callao y se presentaba por tablaos de Madrid, posiblemente aún esté tratando de encontrarse.

Un perfeccionista que vio en la armonía –con Rabello y Guinga en Río de Janeiro- una vía para enriquecer la emoción y sentimiento del toque. Es posible que no tenga el mismo afán del primer día, y sería injusto exigirle más, pero siempre estamos a la espera del milagro.

Paco de Lucía será siempre el de ‘Entre dos aguas’. Para muchos, el español que trajo a su vera a Chick Corea y John McLaughlin y el líder de un sexteto –con Pardo, Benavent, Dantas, sus hermanos Ramón y Pepe y un bailaor- que marcó época; para los clásicos, el flamenco que grabó a Falla y Rodrigo; para los viejos aficionados aquel jovencillo imberbe que tocaba las falsetas de Niño Ricardo y escuchó el sabio consejo de Sabicas. Un guitarrista excepcional: Francisco Sánchez Gómez, el más influyente de la historia del flamenco.

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