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jueves, agosto 24, 2006

Flamenco y Jazz - Análisis Comparativo

Artículo de Justo Fernández López

Información tomada de:
http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Musik-Spanien/Flamenco/
El%20flamenco%20y%20el%20jazz.htm





En el Jazz hay que pensar, en el flamenco no.


[Paco de Lucía]

La música que no tiene sonidos negros no tiene pellizco.

[Manuel Torre]

El flamenco, el blues o el jazz hay que verlo. Cuando lo sientes entonces lo ves.

Si no tienes la suerte de tener ese ojo que ve eso, que es el tercer ojo del alma, no te enteras.

[Manuel Molino]



Analizando la estructura global del flamenco y del jazz, nos damos cuenta de que no sólo coinciden en sus bases socio-culturales, sino también cronológicamente en las etapas fundamentales de su historia.



Jazz

Flamenco

1900-1920

Principios

(new-orleans)

1780-1860

Principios

1920-1935

Era del jazz

(Orquestas Swing)

1860-1920

Cafés cantantes

Fin años 30

Dixieland revival

1922

Concurso del Cante Jondo de Granada

1940-1955

Bebop

1925-años 50

Época teatral





Principios:

Tanto gitanos como negros salen de un periodo trágico de su historia marcado por persecuciones y menosprecio, y si todavía no se les acepta, por lo menos se les tolera.

Con la llegada de los negros a Nueva Orleans llega el blues. Y con la obligación para los criollos de color de mezclarse a la minoría, empieza el proceso de síntesis de sus respectivas cultura, tradiciones y músicas, desembocando en la creación del estilo new-orleans.

Al igual que el blues, el flamenco sale, con los gitanos, del anonimato y se va mezclando su repertorio primitivo, creando una síntesis entre el arte que traen los gitanos y la música popular andaluza de la época. [...]

Estas dos músicas van penetrando diversas capas sociales, aunque siendo todavía más bien populares. Poco a poco se empieza a llamar a gitanos y negros repectivamente para animal fiestas; el flamenco normaliza su situación dentro del pueblo andaluz, y el jazz se va introduciendo en la cultura americana.

Estas condiciones favorables son reforzadas por dos guerras. Al jazz, la Primer Guerra Mundial [1914-1918] le ayudó a salir de las propias fronteras americanas, lo que concierne al flamenco, la Guerra de la Independencia [1808-1814] contra los franceses y el interés creciente por el Romancero y el Cancionero le ayudaron a implantarse definitivamente en la cultura andaluza.

Estos dos fenómenos paralelos y similares hicieron madurar estos dos músicas y desembarcaron en un periodo de éxico incomparable: la Era del jazz y la de los Cafés Cantantes.

La Era del jazz está marcara por los movimientos sociales que nacieron a raíz de la Primera Guerra Mundial. De un lado aparecen muchos grupos blancos por reacción a la ideología conservadora de la clase blanca; y de otra, la voluntad de los negros para salir definitivamente de su estado de servidumbre se caracteriza por una migración masiva hacia las grandes ciudades del norte, y también por la aparición de una nueva generación de músicos negros provenientes de los conservatorios del país reservados a músicos de color.

Los Cafés Cantantes cristalizaron el profesionalismo e intensificaron al máximo el intercambio entre los cantes gitanos y los populares andaluces. Se inició así una estrecha convivencia entre gitanos y andaluces. Con estes hecho aparecieron una cantidad de artistas no-gitanos. [...] También coinciden la Era del jazz y los Cafés Cantantes en la aparición de las primeras grandes figuras blancas y no-gitanas. Para el jazz, Bix Beiderbecke, y para el flamenco, Silverio Franconetti.

Dixieland revival y Concurso del Cante Jondo:

Al Era del jazz con si final en grandes orquestas swing hizo de esta música algo popular, esto desencadenó una reacción de retroceso por parte de los aficionados. [...] En lo concerniente al flamenco, los intelectuales y críticos también pensaron que lo antiguo era mejor, y que los Cafés y el profesionalismo eran responsables de la progresiva decadencia del arte gitano-andaluz. Manuel de Falla escribiír: "El vulgo de los españoles se aparta con desprecio del Cante, como de algo pecaminoso y emponzoñado. Y es esta actitud de perversión estética por lo que prefiere la cupletista al cantaor, con lo que, de seguir así, al cabo de pocos años no habrá quien cante, y el Cante jondo morirá". [...]

Tanto los responsbles del Dixieland revival como los del Primer Concurso Nacional de Cante Jondo [1922] pensaron que "todo tiiempo pasado fue mejor" y que sus respectivos artes se encontraban entre el pueblo y no entre profesionales.

Ambos movimientos fueron forzados y poco espontáneos. [...] Los dos grupos, cada uno por su lado, fracasaron y no consiguieron, siquiera, entorpecer el futuro ya en marcha.

Bebob y Época Teatral:

Así pues, el flamenco llegó tranquilamante al periodo más criticado de su historia, mientras que, siguiendo más o menos los mismos pasos, el jazz llegó al periodo más excitante de la suya. Tanto la Época Teatral como el bebop fueron muy criticados en su comienzo. [...]

La música de la Época Teatral absorbió a una cantidad de artistas únicamente por razones económicas y no por razones artísticas. [...] Al revés, el bebop no era rentable, pero se dirigía a los jóvenes. No fue sólo un cambio musical, sino también un cambio social. [...] Antes de Charlie Parker, el jazz se escuchaba en salones de baile como música para bailar. Con su llegada, el jazz se desplazó desde los grandes espacios de las salas de baila hacia el conjunto más íntimo; ya no se bailaba, sino que se escuchaba, y por primera vez era tomado en serio como género de música.

El flamenco, al contrario, aceptó representar en los escenarios su propia caricatura.

Es aquí donde los caminos evolutivos de jazz y del flamenco se separan definitivamente. Después del bebop, el jazz ha evolucionado, ha conocido otras grandes épocas - cool, modern jazz y free-jazz - y se puede decir que hoy sigue avanzando y enriqueciéndose. Tal vez no tan rápidamente como al principio de su historia, pero sigue adelante.

El flamenco, después de la Época Teatral, ha dado un paso atrás, volviendo a lo que era a finales del siglo XIX, a una forma no muy lejana de su época de los Cafés Cantantes.

El Cante parece haberse parado y cerrado sobre sí mismo como una concha en los años 50. [...] El jazz consigue adaptarse a los grandes escenarios y a los clubes; mantiene sus características en cualquier tipo de manifestación, mientras que el flamenco sólo se siente a gusto en las reuniones familiares o en los tablaos; no consigue llevar su ambiente emocional a los grandes teatros.

A la universalización de jazz se opone la introversión del flamenco.»

[Herrero, Germán, o. cit., p. 109 ss.]



«Entre las dos músicas se puede establecer un claro paralelismo de contextos sociológicos, a partir de que son pueblos transplantados a territorios distantes de su lugar de procedencia. Ambas prehistorias se encuentran muy poco documentadas, en parte porque su transmisión es anónima y no poseen memoria escrita; el flamenco y el jazz comenzaron como especies de autoterapia, no tuvieron su origen para el público ni fueron determinados por él. la música era su más importante forma cultural y en aquellos momentos era germen de una materia viva, capaz de crecer y multiplicarse, capaz de evolucionar.

El mestizaje está en el origen, como casi siempre. El mestizaje hace posible el blues (posteriormente el jazz) y el flamenco; además de los paralelismos en las coordenadas sociales, se pueden encontrar otras correspondencias espacio-temporales en los nacimientos del jazz y el flamenco: el tiempo de origen, aproximadamente a comienzos del siglo XIX; el clima y el marco geográfico, las llanuras del bajo Missisipi y del bajo Guadalquivir, ambos ríos navegables; su nacimiento tiene lugar en ciudades portuarias como Nueva Orleans y Cádiz y Sevilla... Entre los recursos expresivos, ambos extraños a la tradición musical de Occidente, existen también algunos acercamientos, ni siquiera resulta alocado enlazar el baile flamenco y el top dancing jazzístico, el zapateado y el claqué. Tiene lugar la identificación con la audiencia en pequeños escenarios de tableros y clubes, se produce el duende/feeling y el oyente tiende a expresarse con un olé/yeah.

Sin embargo, en los años 50, mientras en el jazz se produce la universalización, en el flamenco tiene lugar una introversión. El be-bop supondría una evolución que no cesa, el jazz siempre renovado; en cambio, en el flamenco se promueven investigaciones, compilaciones, la vuelta a los orígenes... El jazz gozó de aceptación mundial, lo americano estaba de moda y el interés por la cultura negra también; por contra, España se abotonaba del exterior tras la guerra civil. El jazz posee un espíritu de evolución, siempre buscando nuevas formas; el flamenco tiene temor a evolucionar, se encuentra en avanzado estado de fosilización: las variantes estilísticas se encuentran congeladas desde hace 60 años, inamovibles.» [Productos étnicos y válvulas de escape]



Diferencia ideológica entre negros y gitanos



«Desde el primer momento, el negro ha reivindicado sus derechos y, su historia lo demuestra, ha tratado siempre de mejorar su condición social, luchando por su libertad, con las posibilidades a su alcance, una de éstas fue la música. El negro ha reaccionado con agresividad frente a la opresión y al menosprecio, tratando de integrarse en la sociedad norteamericana, luchando por sus derechos con afán, y se puede decir que lo ha conseguido en una larga medida.

El gitano, al contrario, parece no desear su integración en la sociedad española, convivir sí, pero con límites. Frente a la desgracia parece plegarse y aceptarla; este hecho aparece en la copla flamenca, donde nunca se habla de rebelión. Parece consumir su condición de paria con indiferencia. [...] Hay que saber que la estructura social gitana sigue siendo tribal, arcaica y conservadora. [...]

El Cante tiene la reputación de ser hermético para el que no ha sido iniciado. [...] Este hermetismo que caracteriza también la sociedad conservadora gitana, es una de las aportaciones del pueblo gitano al flamenco, quien a su vez se cierra no sólo a extranjeros sino también a españoles no andaluces. Este fenómeno ha creado un nacionalismo que ha llevado a gitanos y andaluces a reivindicar la paternidad del Cante, cada uno por su lado. Por una parte, el andaluz piensa que el único hecho de ser andaluz le permite entender y saber de flamenco, y por supuesto, el Cante es inaccesible a todo no-andaluz. Por otra, el gitano piensa que el flamenco es genuinamente un arte gitano, y que todo no-gitano es incapaz de entenderlo. [...]

De lo único que no cabe la menor duda es de que el grado de verdad del cante o del baile depende del grado de verdad de quien lo ejecute, como se ha repetido tantas veces, lo que a la larga define el flamenco auténtico es la autenticidad flamenca del intérprete.

El fenómeno nacionalista existe también en el jazz, el negro piensa que el jazz le pertenece y que sólo él es capaz de tocarlo como tiene que ser. Pero desde principios del siglo XX el jazz ya no es una música del sur de loa EE.UU., es una música popular en todo el país y se encuentran profesionales, aficionados y especialistas en cualquier ciudad importante; además, la llegada de músicos europeos ha minimizado bastante la imagen del jazz como una música puramente negra. [...]

Otra diferencia esencial, es que el jazz ha estado siempre en estrecha relación con los movimientos sociales engendrados por los negros, pero también con los cambios sociales generales promovidos por blancos y gente de color. [...]

El flamenco, con todo su contenido de quejas hacia la sociedad, nunca incita a la rebelión y nunca ha estado ligado, salvo en 1898, a la rebelión de mineros, a cualquier tipo de movimiento o manifestación social importante.»

[Herrero, Germán: De Jerez a Nueva Orleáns. Análisis comparativo del flamenco y del jazz. Granada: Editorial Don Quijote, 1991, pp. 117-120]

domingo, agosto 20, 2006

Matemáticas y Jazz, Paralelismos y Divergencias (por José Francisco Tapiz)

Autor del artículo:
José Francisco Tapiz, 2004

Información tomada de TomaJazz: http://www.tomajazz.com/perfiles/avuijazz/avuijazz2005_jazztematicas.htm

Desde pequeño siempre me han llamado mucho la atención las Matemáticas. Tanto que con poco más de seis o siete años ya tenía claro que quería ser matemático sin saber exactamente para qué, salvo para saber más sobre ese mundo tan enigmático y maravilloso de las Matemáticas. Con la música y visto desde una cierta distancia me ha sucedido algo parecido. Unos años (pocos) más tarde, empecé a sentir una pasión y una afición irremediables por escuchar diferentes propuestas musicales; con poco criterio (no había tenido tiempo de formarlo), mucha curiosidad y sin nadie que me guiase en mis “investigaciones” fui escuchando todo lo que caía en mis manos, que no era mucho todo hay que decirlo. Un poco más tarde y en el momento en que pude hacerlo, empecé a “investigar”, cuyo resultado provocó el Efecto Dominó. Explicado en lenguaje llano, consiste en partir de una propuesta e ir buscando tanto las influencias que hay en sus orígenes como el desarrollo que toma en manos de otros creadores. Una manera muy sencilla y automática de aumentar las propuestas musicales que pasan por los oídos del interesado. Así pues fui pasando por diferentes estadios (eso me parecía a mí en esos momentos, la falta de perspectiva y una gran ingenuidad, sin duda), también conocidos como estilos musicales. De cualquier modo, no tuve que esperar mucho para llegar hasta el Jazz (con mayúsculas, en general) para empezar a satisfacer mis curiosidades, para no aburrirme con propuestas que a pesar de la publicidad de su novedad en muchos casos no eran sino remedos muy vistosos, atractivos y puestos al día de propuestas ya caducas, y para encontrar una música que me permitiera una libertad que no había encontrado hasta el momento en otras músicas. ¿Y qué tiene esto que estoy contando de particular? Todo esto es nada en concreto (una simple experiencia vital) y mucho (lo que me representó este descubrimiento) en general. Creo que no soy el primero que en su trayectoria músico-vital tras ir pasando por esos diferentes estilos y llevado por su curiosidad va a parar al Jazz, sin olvidar tras su llegada los diferentes sitios que le han marcado en el discurrir de su camino.

Una vez en este punto y con la perspectiva que van dando los años, la escucha de múltiples propuestas y sobre todo la curiosidad, me ha llamado mucho siempre la atención (quizás por deformación de formación y profesional), la relación tan directa que aparece entre la Matemática y el Jazz. Quizás sea debido a que mi desconocimiento de otras materias como la antropología no me lleve a asociar los conceptos que los músicos utilizan para titular sus obras con esta rama del saber. Quizás simplemente alguien me debiera explicar algunos conceptos o dar algunas indicaciones. ¡Quién sabe! El hecho ineludible es que conforme voy conociendo diferentes propuestas y avanzo en lo que puedo con mi conocimiento (escaso ante los inmensos campos por recorrer) me encuentro con relaciones quizás más imaginarias que reales (vaya, no lo puedo evitar) entre las Matemáticas y el Jazz.

Quienes me conocen, lo saben. A grandes rasgos y con el peligro que conlleva generalizar, y a sabiendas de que en algunos casos hay propuestas no todo lo honestas desde un punto de vista creativo con lo que sugiere su nombre, soy un gran aficionado a la música engarzada en esa línea que recorren el Free Jazz, el Avant-Garde y desemboca en la Libre Improvisación, si es que se puede llamar Jazz, lo que sería y es motivo de grandes discusiones. Lo cual no supone un problema para mí: es una Música (más allá de etiquetas) que llega a proporcionarme un placer auditivo inmenso y en dónde me encuentro sumamente cómodo. Del mismo modo hay algunas propuestas de la mal llamada Música Clásica Contemporánea que sin ser calificadas como tales por muchos aficionados también me resultan bien interesantes. ¡No se está nada mal, la verdad sea dicha, en esa tierra de nadie en dónde se confunden etiquetas, estilos y formas! Algo que la matemática ha desarrollado de alguna manera en el siglo XX y desde sus posibilidades. Ahí está eso de la lógica difusa, publicitado hasta en electrodomésticos como el sistema “Fuzzy Logic”. Algunos matemáticos lo han entendido bien: no todo es 0 o 1, Verdad o Mentira, Blanco o Negro, Jazz o No Jazz… entre medio hay miles de números, estados, tonalidades y apreciaciones. En muchos casos sólo dependen del punto de vista (subjetivo) del observador, medidor u oyente... o mejor, escuchante.

Pero no es el único paralelismo. Estos estilos que tanto me gustan (y que no son los únicos ya que por fortuna hoy en día se puede tener un relativamente fácil acceso a una gran cantidad de grabaciones de todas las épocas de la historia del Jazz), son en muchos casos ninguneados por una parte de críticos, programadores de festivales, especialistas en la materia y periodistas. Esto me trae a la memoria la figura de Cantor. Un matemático a quien en el siglo XIX se le ocurrió empezar a tratar y desarrollar el concepto del Infinito. A pesar de que en estos momentos se reconozca plenamente su importancia, en su momento su osadía la pagó con el desprecio de algunos matemáticos contemporáneos suyos e incluso con la excomunión, puesto que era una desfachatez tratar con ese concepto del Infinito. Un concepto sólo asimilable a la idea de Dios presente en nuestra y en muchas Culturas. Curioso. Cuántas veces a lo largo de la historia del Jazz los músicos fueron apartados y marginados de la línea principal del Jazz de su tiempo para finalmente ser los que establecieron el camino y el siguiente paso a dar en la evolución de esta música. En el caso de Cantor aparecen curiosos paralelismos con la música a la que me refería. A partir de lo que él desarrolló (relacionado con la teoría de la medida), surgen los fractales; unos monstruos matemáticos (tal y como fueron denominados en su origen) que a partir de un caos aparente muestran un orden interior y unas estructuras absolutamente ordenadas. ¿Quizás como sucede con estos estilos a pesar de su aparente caos y desorden?

Lo cierto es que Cantor es una figura importante para mí. Pensando en él hay un músico que viene a mi cabeza. Es Don (con mayúsculas) Anthony Braxton. Por fortuna para él, en estos momentos es un músico que no es rechazado en absoluto y que tiene ya en vida un lugar ganado desde hace mucho tiempo en el Olimpo de la historia del Jazz. Supongo que su legado y calidad impide que alguien se atreva a cuestionarlo globalmente y de un modo directo. Que no indirectamente. A pesar de su importancia se le suele acusar de ser frío, científico y... matemático. ¿Los motivos? Yo sospecho que por algo tan sencillo como haber creado su lenguaje musical propio y personal y especialmente por utilizar una nomenclatura propia y científica para clasificar sus diferentes ciclos compositivos. Basándose en números y letras uno puede recorrer sus composiciones, a las que añade unos dibujos cual jeroglíficos que ilustran estos títulos. No voy a entrar aquí en explicaciones pormenorizadas sobre su historia y devenir creativos. Sin embargo no puedo más que reírme con una fuerte carcajada cuando escucho estas acusaciones y pienso y recuerdo y rememoro y me deleito y gozo con una composición como es 40B: sin duda mi preferida de Braxton. Dedicada al músico de Hard-Bop Lou Donaldson, se puede escuchar en varias grabaciones. Recomiendo Anthony Braxton Quartet (Dortmund) 1976 con el propio Anthony Braxton a los diversos saxos, David Holland al contrabajo, Barry Altschul a la percusión y George Lewis al trombón. Otra opción es Anthony Braxton Quintet (Basel) 1977 con George Lewis y Anthony Braxton de nuevo más Muhal Richard Abrams al piano, Mark Helias al contrabajo y Charles “Bobo” Shaw a la batería. Antes de decir nada ante los títulos presentes en estas grabaciones (¿acaso no son 40F, 23J, 40(o), 6c, 69J, 69N/G, 69M y por supuesto 40B igualmente acertados que Song For My Father, Ellaine, Whisper Not, Laura, My Favourite Things o When The Saints Go Marching In tomadas aisladamente de lo que los títulos y las composiciones en sí pueden sugerir al oyente?) y dejar añadir al lector una opinión acerca del carácter científico de la música gracias a la manera tan taxonómica y organizadamente predefinida de titular los discos (Grupo Lugar Año), que por otra parte permiten conocer algo tan interesante como es qué grupo, en dónde y cuándo grabaron el disco directamente en el título sin la necesidad de buscarlo en los créditos, se recomienda una escucha a este tan caliente tema titulado 40B. Sin embargo para muchos aficionados Braxton da igual lo que haga. Echando un vistazo a su discografía, aparecen desde proyectos que que retoman a los clásicos (el Standards Quartet actual o los proyectos con la música de Charlie Parker o Monk), hasta trabajos con sus concepciones musicales propias en dónde no se distinguen los límites de la improvisación y la composición (como por ejemplo ocurre en sus más recientes proyectos de Ghost Trance Music).

Da igual: para muchos Braxton continúa siendo un compositor frío... un científico de la música... ¡un matemático!, cómo no. Bach (otro músico del que no conozco su obra con profundidad pero que no me parece frío en absoluto) también ha llevado sobre su figura acusaciones de ser científico, frío y... ¡matemático! En este caso por su forma de componer. Fantástico para un gran creador de música religiosa y en concreto de algunas de las versiones de las pasiones de Cristo. Y esto es algo paradójico. En tiempos de los griegos clásicos la música era una parte de la Matemática. De hecho las formas de obtener los diferentes tonos se basaban en la longitud de las cuerdas que por medio de su vibración emitían su correspondiente sonido. Y ahí están sus escalas, con sus estructuras fijas repetidas con algunas variaciones que dentro del Jazz dieron origen al Jazz Modal... ¿Coltrane frío? Un torrente de fuego avasallador, más bien...

Otro aspecto es el gran conocimiento que los músicos de Jazz demuestran sobre las Matemáticas gracias a los títulos de grabaciones, temas... y sellos. Además de Psi Recordings de Evan Parker, una de las mejores definiciones que servidor haya escuchado nunca sobre qué es lo que debe alcanzar el Jazz es la que me dio Seth Rosner, dueño del sello Pi Recordings, explicando el por qué de tan matemático nombre para su sello discográfico. Según él “el número Pi no se acaba nunca, nunca se repite, desmonta lo que ha venido antes y claramente tiene una lógica a pesar del hecho de que no se pueda ver a simple vista. Siento que la Música debiera hacer y hace lo mismo”. Fantástica y acertada explicación.

En cuanto a los músicos, uno que me ha llamado la atención desde que adquirí por primera vez un disco suyo es el trompetista Dave Douglas. Mi encuentro con él no fue algo pacífico sino un verdadero torbellino. Todo a partir de a reseña de un disco, con una formación inusual para mí en esos momentos (trompeta, batería, contrabajo, chelo y violín), atractiva, con dedicatorias a múltiples músicos (Kirk, Zorn) y con un título tan atractivo como Five... un cinco estrellas, por cierto... Y ahí estaban cinco músicos... ¿un número extraño? Como título era perfecto. Cinco músicos, magníficos, desarrollando una música y unas propuestas más magníficas si cabe. Y no es la única referencia matemática en su discografía. De hecho todas las grabaciones con esta formación llevan en su título su carga matemática: Parallel Worlds se titula el primero y Convergence el tercero. Paralelismo y Convergencia. Convergencia por cierto que se supone alcanzaban las líneas paralelas de las hebras del tejido que ilustraban la portada del disco con este título. ¿Una forma en clave de cerrar el ciclo de grabaciones con esta formación? Quién sabe. Y más... Magic Triangle y The Infinite. Triángulos y el Infinito en una obra fuertemente basada en la de Miles Davis... Infinito, Dios, Miles...

No obstante estos conceptos aún con su profundidad en algún caso no presentan ningún aspecto complicado. Quienes si decidieron optar por ello, según dicta la sabiduría popular, fueron el trio formado por Ken Vandermark, Kent Kessler y Hamid Drake, que bajo el nombre de DKV Trio titulaban a uno de sus discos Trigonometry. La relación entre los ángulos y lados de un triángulo. ¡Justo lo que debe existir en un ideal trío de Jazz!

Pero los hay más complicados. ¿Saben ustedes lo que son los números amigos? Dos números son amigos si la suma de sus distintos divisores es igual para ambos. Un concepto conocido desde la antigüedad, y objeto de investigaciones (más bien entretenimiento de la curiosidad) para comprobar qué parejas de números presentan tal propiedad. Pues bien, el saxofonista británico John Butcher decidió titular su primera grabación a solo 13 números amigos. Si en los centros de investigación las computadoras trabajan día y noche para poder determinar unos pocos cientos de pares de números con esta característica, este gran saxofonista en esta obra nos mostraba 13 de ellos. Algo sin duda merecedor de una atenta escucha.

De cualquier modo, no todos los músicos son tan depurados matemáticos. Algunos presentan fallos por desgracia frecuentes en la educación actual. Sin ir más lejos a otro saxofonista británico, Evan Parker, no se le ocurrió otra cosa que titular a un disco y formación con un acertadamente desacertado 2X3=5. Se recomienda igualmente su búsqueda y escucha. Y es que no es sino en el error en donde se encuentra el acierto.

Algo que ha sabido trabajar también la matemática moderna y que también tengo presente habitualmente en las escuchas de las grabaciones. ¿No hay nadie entre los presentes que en un momento y ante la escucha de una determinada obra haya quedado indiferente o la haya quitado del correspondiente reproductor para en la reescucha en diferentes condiciones anímicas y ambientales quedar enganchado por el calor de la otrora fría obra? Quizás es también aprender la lección sobre la relatividad de las apreciaciones y los sentimientos. Algo de lo que se acusa a las Matemáticas y a alguna Música y que no debieran sino hacernos reflexionar sobre las lecciones que podemos extraer de diferentes ramas del conocimiento y de nuestras propias sensaciones.

Entrevista Thelonious Monk (1970)

Fuente del Artículo:
Jazz Magazine, 2002

Información tomada de TomaJazz:
http://www.tomajazz.com/perfiles/monk1970.htm


1970. Paul Slaughter toma el relevo y se lanza también al asalto del Maestro. Monk vuelve a tratar algunos puntos, se contradice... Thelonious genio y figura.


"Si no fuera músico, seguramente me habría convertido en un vagabundo"

Thelonious Monk, si no tocase el piano, ¿qué instrumento hubiera escogido?

Probablemente la trompeta.

¿Por qué?

Cuando era crío quería tocar la trompeta, pero fue mi profesor quien me dijo que tocase el piano.

Si no hubiera sido músico, ¿a qué se hubiera dedicado?

Nunca tuve la intención de hacer otra cosa que no fuese música. Si no fuera músico, seguramente me habría convertido en un vagabundo.

Durante su formación musical, ¿le influyeron determinados músicos?

"Determinados", no: me influyeron todos los músicos que escuché siendo crío...

Recientemente leí que Bud Powell fue uno de sus primeros intérpretes...

Cuando le conocí, Bud no sabía mucho de piano, ni de cómo frasear, por otra parte. Tenía un estilo bien definido pero no conocía gran cosa sobre armonía, tuve que enseñarle.

¿Cuándo realizó su primera gira por Estados Unidos?

No me acuerdo muy bien, debía tener 17 años.

¿Qué opina de la palabra "jazz"?

No lo sé. Para mí es una palabra como otra cualquiera. Es una etiqueta para una música nacida en Estados Unidos, por lo que sé.

Ha trabajado con John Coltrane, Bud Powell, Dizzy Gillespie... ¿Ha tenido compañeros privilegiados?

También trabajé con Bird. Con casi todos: Coleman "Bean" Hawkins, Roy Eldridge, antes de que Norman Granz lo contratase para participar en el Jazz At The Philarmonic.

¿Cómo vivió la indiferencia de la gente, en sus comienzos, cuando muy pocos apreciaban su música?

Había que tocar, fuera como fuera. Yo estaba ahí, me tenía que dar a conocer.

A menudo se ha escrito que usted prefiere Nueva York a cualquier otra ciudad: ¿podría vivir en otro lugar?

Amo Manhattan: llegué allí siendo un crío, es una ciudad que conozco bien.

"Friday the Thirteenth", "Little Rootie Tootie", "Misterioso"... ¿Tiene usted motivos especiales para elegir unos títulos tan enigmáticos?

No, me viene así, en mi cabeza. Les doy un poco cualquier nombre...

¿Incluso para "Little Rootie Tootie"?

Esta está dedicada a mi hijo. Lo llamamos Toot.

¿Estudia algún instrumento?

Sí, le gusta la batería, como a todos los adolescentes.

¿Ha tocado ya con usted?

No, empezó en la escuela y ha tocado con Randy Weston...

Cuando toca en clubes, ¿no le perturba su horario para dormir?

No, puedo dormir a la hora que sea.

¿Hay algún un momento del día que prefiera para componer?

Por la mañana, cuando no hay nadie.

¿Dónde vive exactamente en Nueva York?

Cerca de la calle 60 Oeste.

¿No se quejan sus vecinos cuando toca por la mañana temprano?

Si, hubo una queja cuando llegué al piso, al principio. ¡Pero el piano ni siquiera había llegado!

Entrevista Thelonious Monk (1965)

Fuente del Artículo:
Jazz Magazine, 2002

Entrevista Realizada por Jean-Louis Noames

Información tomada de TomaJazz:
http://www.tomajazz.com/perfiles/monk1965.htm


Entre la siguiente entrevista (publicada en el nº 124 de Jazz Magazine, en noviembre de 1965), en la que Jean-Louis Noames intenta proseguir la realizada en 1963 por Jean Clouzet y Michel Delorme, se produjo un acontecimiento mediático bastante infrecuente: la aparición de Thelonious Monk en la portada de la revista Time, que anunciaba un extenso artículo sobre el músico en sus páginas interiores. Al principio, su publicación estaba prevista para noviembre de 1963, pero fue retrasada debido al asesinato del presidente Kennedy y, finalmente, salió en la edición del 28 de febrero de 1964. Lo podéis encontrar en Internet en el Thelonious Monk Website y, más concretamente, en las páginas que le son especialmente dedicadas. Tras este paréntesis, damos la palabra a J.-L. Noames y a T.S. Monk en las páginas de Jazz Magazine de 1965.


"Me hubiera gustado tocar el trombón. Pero ya es suficientemente difícil tocar el piano, ¿entiende?"

Jean-Louis Noames (Jazz Magazine): Señor Monk: me gustaría hacerle unas preguntas que completarán la entrevista que concedió a Jazz Magazine hace tres años .... ¿Logrará no dormirse?

Lo intentaré.

Se echa en el sofá, me observa: "¡It’s Monk’s time!"

¿Desde cuándo es usted músico?

Desde siempre. Siempre me ha gustado tocar, desde que era crío.

Si la gente dejase de ir a verle, ¿seguiría tocando?

La gente siempre te escucha. Si eres capaz de tocar, claro.

¿Llega a tocar únicamente para usted mismo?

Cuando toco, siempre hay gente escuchándome, porque le gusta.

¿Piensa alguna vez, "hoy he tocado mejor que ayer"?

Cuando toco en concierto, no. En casa, a veces... Nunca estoy totalmente satisfecho con lo que hago.

¿Y escucha sus discos?

A veces. Pero no hay ninguno que me guste realmente. Tampoco tengo un favorito. No están mal. Aunque...

¿Cuándo toca usted mejor?

Después de haber bebido.

¿Fuma usted mucho?

No, fumo muy poco, y nunca puros. Tampoco fumo pipa.

¿Le gusta ir al teatro?

¡Oh, no! No me gusta salir. Pero si hay una obra de teatro en la televisión, la miro.

¿Va usted al circo?

Hace mucho tiempo que no voy. Me gustaba mucho cuando era niño: me encantaban los payasos. No sé si ahora me divertiría tanto, es siempre la misma gilipollez.

¿Lee usted tebeos?

¿Los cómics? No están mal, pero no los leo realmente.

¿Come en el restaurante o en su casa?/

Las dos cosas.

¿Se come bien en Nueva York?

Si se tiene dinero...

¿Tiene usted un magnetófono?

Sí. Pero aunque lo utilizo a veces para grabar, no me gusta tocarlo.

Si se perdiese en Nueva York, ¿encontraría fácilmente el camino?

No podría perderme en Nueva York. He vivido aquí toda mi vida.

¿Piensa alguna vez en su niñez?

No. Pero si quiero, recuerdo bastantes cosas porque tengo buena memoria.

¿Le gustaban las niñas cuando era crío?

Como a todos los chavales.

¿Le gustaba jugar al béisbol?

¡Sí!

¿Y ahora?

¡No!

Dicen que no le gusta responder a preguntas...

No me gusta hablar. Ni de mí, ni de los demás.

Si alguien quisiese filmarlo durante una hora entera, ¿le dejaría?

Sí, no me molestaría.

¿Y si esta película se proyectase al público?

Tampoco me molestaría.

¿Lee usted la prensa? ¿Está al corriente de la actualidad, en especial, de la política?

Nunca leo periódicos, tampoco libros. Me mantengo al corriente a través de la televisión.

Usted esta siempre entre el sueño y el despertar, entre la inconsciencia y la conciencia, siempre medio dormido, nunca totalmente despierto....

Me gusta dormir. No hay hora para dormir. Uno duerme cuando está cansado, eso es todo. Lo terrible es no conciliar el sueño. Yo me duermo en cualquier momento.

¿Qué prefiere usted: tocar o dormir?

Me gustan ambas cosas. Lo ideal sería tocar y dormir al mismo tiempo, pero es imposible.

¿Conduce usted?

Tengo un coche, pero no lo cojo mucho porque en Nueva York no se puede conducir bien. Pero me gusta conducir.

¿Le gusta pescar?

¡No! Eso es para los perezosos...

¡Pero usted es un perezoso!¡

Sí, es cierto.

¿Existe una frontera entre el jazz tradicional y sus manifestaciones más modernas?

Existe toda clase de música. Cuando empecé a tocar, la gente tenía miedo porque sonaba como un piano viejo. Pero ahora, en Nueva York hay mucha gente que toca así.

Aparte del piano, ¿le habría gustado tocar otro instrumento?

Me hubiera gustado tocar el trombón. Pero ya es suficientemente difícil tocar el piano, ¿entiende? Es un instrumento apasionante: hay mucho que decir todavía con un piano. Así que tengo bastante tiempo por delante antes de verme obligado a estudiar otro instrumento. El piano me mantiene suficientemente ocupado.

¿Tiene importancia el lugar en el que toca?

No tiene que ser demasiado feo y los camerinos de los músicos deben ser decentes.

¿Qué piensa usted de su público?

No viene a verme para criticar mi música. Viene porque le gusta. Viene a disfrutar. ¡Porque a mis admiradores les gusta! Pero no me molestaría que no aplaudiesen: siempre me las arreglo para que les cueste aplaudir, para encontrar un momento propicio para hacerlo.

Así que la costumbre de aplaudir después de un solo no es tan buena...

Todos los músicos tocan para que los aplaudan.

¿Puede el éxito comercial cambiar a un músico?

No lo creo. No veo como alguien puede cambiar. Sólo cambian las condiciones. Hay que tener dinero, si no uno se deja llevar y va cuesta abajo: come mal, no puede pagar el alquiler... En cualquier parte del mundo, es necesario tener dinero. Usted debe saberlo: la vida es horriblemente cara en París. Si uno quiere disfrutar de un lugar, hay que tener dinero.

Pero el hecho de tener ese dinero, ¿acaso no le quita las ganas de luchar?

No, el dinero sólo permite hacer las cosas que uno desea, cómo y cuándo quiere.

¿Hay un lugar en el que le gustaría vivir?

¡Sigo enamorado de Nueva York! Ahí es dónde estudié; ahí me crié. Ningún lugar me ha gustado tanto como Nueva York. Pero, también allí hace falta mucho dinero para vivir. Hay de todo en Nueva York, gente de todos los países, de todas las raíces. Allí las cosas se sienten de un modo diferente. Hay mucha gente que sueña únicamente con viajar; yo no soy así. Allí es dónde me quiero quedar. Siempre.

Entrevista Thelonious Monk (1963)

Fuente del Artículo:
Jazz Magazine, 2002

Comentarios recogidos por Jean Clouzet y Michel Delomme

Información tomada de TomaJazz:
http://www.tomajazz.com/perfiles/monk1963.htm


A lo largo de su carrera, Jazz Magazine entrevistó a Thelonious Monk en tres ocasiones. Gracias a su amabilidad y a la de sus traductores, Juan Carlos Hernández en primera instancia y Diego Sánchez Cascado que le dio su expresión final, están aquí recogidas. Las entrevistas a un genio con sus particularidades y su humor particular.

"Cada día oigo a un montón de pianistas que utilizan procedimientos que son míos"

Sobre las estructuras de la música de Monk, su gusto por apartarse del mundo y por el misterio y, un poco más tarde, sobre la enfermedad que parecía haberle condenado a permanecer recluido: mucho se ha hablado de los silencios monkianos. Las entrevistas que publicamos esta semana muestran a un Monk más inhabitual: entre dos silencios.

Nunca me niego a hablar con alguien. Si durante mi carrera no he concedido más entrevistas, sin duda es porque la ocasión no se presentó o simplemente porque este tipo de literatura no interesaba a la gente. Desde luego, el motivo esencial es que los críticos parecen evitarme; y no se por qué. Me echaronh de lado por culpa de unas leyendas asociadas a mi nombre, nunca se esforzaron en buscar la verdad mas allá de las apariencias. "Thelonious esto, Thelonious lo otro". Pero yo siempre he sido el mismo. No sé quienes fueron los primeros en divulgar esas falsedades; el hecho es que, desde entonces, los críticos sienten hacia mí una mezcla de indiferencia y temor.

Quieren convertirme en un personaje misterioso. Dicen que mi obra es extraña, que es incomprensible. No pienso que haya habido nunca nada incomprensible o ilógico en mi música. Toco de la misma manera desde hace 20 años. Ahora mi música es reconocida pero siguen teniendo de mí la misma imagen. La mayoría apenas me conoce y afirma cosas que nunca han tratado de averiguar. Es cierto que no me gusta demasiado hablar con la gente; no soy, como algunos músicos que conozco bien, el tipo de persona que busca a los críticos para hablar con ellos y pedirles que escriban un artículo sobre mí. Pero, cuando vienen a verme, sin ideas preconcebidas, simplemente con el deseo de comprenderme mejor, es posible conocerme, e intento ser lo más amable que puedo. Usted mismo lo esta comprobando, ¿no cree?

Usted toca desde hace unos 20 años y, durante la mayoría de este tiempo, ha permanecido en la sombra, únicamente apreciado por los músicos y por algunos aficionados. Y, de pronto, de la noche a la mañana, le concedieron el título de genio, de profeta. ¿Cómo reaccionó usted?

Desde que mis inicios, me expreso con el mismo lenguaje. Ni mis ideas ni mi forma de tocar han cambiado. Tengo la impresión de haber aportado al nacimiento del jazz moderno más que todos los demás músicos juntos. En estas condiciones, no es muy agradable para un artista oír siempre, "Gillespie y Parker han revolucionado el jazz", cuando yo sabía que la mayoría de las ideas procedían de mí y de nadie más. Dizzy y Bird no me han aportado nada a nivel musical. No me han enseñado nada. No me enseñaron ningún acorde, ningún truco. Al contrario, fueron ellos quienes venían a verme para hacerme preguntas, para aprender algo de mí. Pero fue a ellos a quien se dio importancia. Fueron ellos quienes fueron considerados los impulsores del jazz moderno y la realidad es que, la mayoría de las veces, sólo interpretaban mis ideas. Todo partió de mis concepciones, es decir, intentar salir de las formas tradicionales de aquella época, del beat que se utilizaba entonces.

A mí, nadie me inspiro mis ideas: las busqué dentro de mí. Todas estas cosas las saben la mayoría de los músicos y la prueba es que casi todos han adoptado "52nd Street Theme" como tema para acabar los sets. Es mí música, al igual que "Round ‘bout Midnight" o "Dizzy Atmosphere". Hablemos de este tema. ¡Esta panda de gilipollas lo llamó "Dizzy Atmosphere", pero esa atmósfera era más bien mía! Cuando Dizzy compuso esta tema, yo hacía tiempo que lo conocía. Tengo la impresión de que, a fuerza de tocar conmigo, de copiar mis acordes, de pedirme consejos, de preguntarme cómo lograr la mejor sonoridad, de acostumbrarse a que les corrija su música, han terminado por "componer" temas que salían directamente de mí. A veces, me preguntan por qué no toco obras de otros compositores, temas como "Night in Tunisia" precisamente; simplemente se debe a que este tipo de cosas las llevaba desde siempre dentro de mí y si no las he compuesto yo mismo es porque no me excitaban tanto como a otros músicos.

Así que, ¿por qué quiere usted que toque estos temas ahora? Un día oí en la radio que decían que Dizzy era el único músico de jazz de Nueva York capaz de reflexionar. Es una de las mentiras más gordas que haya oído en mi vida y nunca la olvidaré. A fuerza de contar estas estupideces a los músicos, éstos terminan por creerlas y se les llena la cabeza con todo eso. Se creen que han sido enviados por la Providencia para salvar al jazz. Milt Jackson es como Dizzy, ¿sabe?. Tocamos juntos muchas veces y siempre fue él quien sacó provecho. Mientras tanto, yo no conseguía encontrar trabajo. Oía mis ideas lanzadas a través del mundo y no tenía la posibilidad de expresarlas yo mismo.

A veces, ni siquiera me dejaban entrar en el Birdland. ¿Se da cuenta de lo que significa quedarse delante de un local oyendo desde fuera tocar sus propias composiciones y sin poder entrar? Me ocurrió más de una vez. Así es como suelen ocurrir las cosas en Estados Unidos. Los intérpretes relegan al inspirador a un segundo plano y los que tendrían que alcanzar menos éxito ocupan el primer plano. Es así y nadie puede hacer nada. Otros se habrían puesto muy tristes al ver a sus colegas tener éxito mientras ellos permanecían en la sombra. Pero yo acepté la situación. Me decía: "Ahora no es mi turno, pero tal vez mañana..." Si los demás músicos han logrado el éxito antes que yo, mejor para ellos. Nunca les he envidiado. No estaba abatido porque sabía que lograría, en el momento oportuno, dar a conocer mi música. Y si la mayoría de los músicos me han escuchado, si han intentado copiarme, en definitiva, ha sido bueno para mí porque me ha demostrado que mí música es importante y que, en consecuencia, existía la posibilidad de que algún día fuera escuchada. La gente adoraba mis ideas pero tocadas por otros. Ahora han comprendido que estas ideas procedían de mí y vienen a buscarlas directamente a quien las ha creado.

¿Piensa haber ejercido una gran influencia sobre los pianistas?

Cada día oigo a un montón de pianistas que utilizan procedimientos que son míos desde hace varios anos. Si usted no los conoce bien, yo sí. En todos los pianistas, sin ninguna excepción, encuentro mi forma de tocar, mis acordes, mis recursos. Escuche a un tipo como Eddie Heywood y luego hablamos. Algunos creen, de buena fe, que utilizan recursos personales pero en realidad son míos. Simplemente, no recuerdan de quién los han cogido. Cuando Bud Powell era muy joven, cuando empezaba, nadie quería escucharle. Cuando llegaba a un sitio donde yo tocaba, yo me levantaba y anunciaba: "Bud va a tocar". Pero todo el mundo gritaba "no queremos oírle". Entonces, yo estaba obligado a decir: "en estas condiciones, no toco mas. Será Bud o nadie más". Y el público se veía obligado a escucharlo. Y luego, un buen día, yo me encontraba de nuevo sin trabajo mientras que Bud seguía a lo suyo. Y ahí fue cuando la gente empezó a pensar que fue Bud quien me inspiró. ¡Qué locura! Cuando Bud venía a casa, me pedía que le mostrase todo lo que hacía, que le enseñase los acordes que yo utilizaba y luego reproducía nota a nota lo que yo acababa de tocar delante suyo. Por este motivo, fue el pianista que se aproximó más a mis concepciones. Era capaz de entender mis temas mucho mejor que los demás pianistas, tal vez porque fue mi alumno.

En la actualidad, se tiende a buscar analogías entre sus concepciones pianísticas y las de Duke Ellington. ¿Qué opina de esta comparación?

Nunca escucho a Ellington. Si nuestras formas de tocar presentan puntos comunes sin duda es pura coincidencia. Hace poco, durante un concierto, toqué algunos temas con su orquesta. Fue una experiencia curiosa para mí, pero nada más. Duke, en el fondo, toca muy poco el piano con su orquesta. Le repito que no lo escucho desde hace años y, por lo tanto, no ha podido influirme. Si hay alguna influencia entre nosotros, sólo puede haberse producido en la dirección opuesta.

¿Le interesan otras formas musicales aparte del jazz? La música clásica europea o el folclore, en especial, oriental o africano, parecen tener actualmente una gran influencia sobre los jóvenes músicos modernos...

Me gusta la música, punto. Y entiendo por música todos aquellos sonidos que resultan agradables al oído. Es mi definición, vale lo que vale. A veces escucho discos de estas músicas de las que me habla, pero en ningún momento me dejo influir por ellas. Sólo deseo tocar cosas que provengan de mí. No me considero un músico que ya no pueda progresar, pero sólo creo temas nuevos dentro de los límites que me he fijado. Tomemos un músico como John Coltrane. Es un músico consagrado que ahora es capaz de explotar todas las posibilidades de su instrumento pero parece que tiene ciertas dificultades para adquirir ideas originales. Por eso se ve obligado a buscar a su alrededor. Yo no tengo esa necesidad y, se lo repito, sólo en mi interior encuentro la inspiración. Pero sin que lo busque realmente, es posible que algunos aspectos de mi forma de tocar guarden relación con otras formas musicales.

Tuve la ocasión de conocer a músicos africanos, percusionistas sobre todo, gente como Gwana, con quien he tocado, y todos me dijeron que yo era el único en tener el beat africano. Es muy posible. Yo no lo sé, pero ellos están bien situados para decirlo ya que han escuchado mucho más mi música que yo la suya. De todas maneras, forman excelentes secciones rítmicas y me entiendo muy bien con ellos. La vida que he llevado hasta ahora apenas me ha permitido salir de Estados Unidos, pero vivir en Nueva York no te impide conocer a mucha gente interesante. Hasta diría, sin ánimo de molestar, que uno tiene a su disposición todos los artistas y todas las formas de arte del mundo.

Usted tiene fama de ser poco sociable, de vivir en solitario. ¿Tiene muchos amigos entre los músicos de jazz?

Casi todos los músicos en activo han venido al menos una vez a mi casa. Cuando tienen algún problema, musical o de otro tipo, intento ayudarles a resolverlos. Si necesitan ayuda, saben que siempre pueden recurrir a mí. Siempre trato de arreglar las cosas lo mejor posible. Por eso me han colocado un poco en un pedestal y no quieren que baje de él. Tienen la impresión de que, desde un punto de vista musical, nunca me equivoco. Sin duda por eso son tantos los que acuden a verme. Pero, la mayoría siente una especie de temor cuyo origen ni ellos ni yo conocemos. Claro está, no soy muy sociable y, por lo general, no me gusta mucho hablar, pero tal vez la razón verdadera de este temor provenga de todas esas cosas que se cuentan sobre mí y que no pueden ignorar. Uno de los músicos que viene más a casa probablemente sea Sonny Rollins, al que conozco desde 1945 o 1946, creo.

¿Piensa que la fórmula del cuarteto que utiliza desde hace varios años es la mejor para sus concepciones orquestales?

Si toco actualmente en cuarteto se debe simplemente a que las circunstancias así lo decidieron. Estoy dispuesto a adaptarme a cualquier otra fórmula.

¿Por qué no ha grabado en los últimos tres años?

Simplemente porque tuve discrepancias con la compañía que me había contratado. Algunas compañías sólo quieren ganar dinero. Que traten de sacar beneficios, vale, pero cuando grabas para ellas, que tengan al menos la honradez de pagar el dinero que te deben.

Hace algunos años, cuando grabó Brilliant Corners, declaró: "Aún no me he sentido satisfecho de ninguno de mis discos". ¿Es cierto todavía?

¡Por supuesto! No sólo no he grabado aún un disco que me satisfaga plenamente sino que todavía no he tocado exactamente como desearía hacerlo. Por otro lado, es algo normal. Desde el momento en que uno está satisfecho consigo mismo, pierde toda posibilidad de progresar. Un hombre satisfecho ya no ve la necesidad de esforzarse. Ya sólo tiene ganas de descansar. Es el principio del fin.

Parece que ya no toca algunas de sus composiciones que, sin embargo son muy bellas, como por ejemplo "Think of One", "Bye-Ya", "I Mean You", "Ask Me Now", "Skippy". ¿Por qué?

A veces tocamos estos temas cuando la gente que los conocen y les gustan nos lo piden. Pero no puedo tocar todo mi repertorio en cada concierto o en cada grabación. Además, me he cansado de algunos temas después de tocarlos durante 20 años. Prefiero dejar que lo hagan otros. Cada vez me apetece menos tocar tempos rápidos. Cuando empezaba, con Kenny Clarke, por ejemplo, nos gustaba tocar muy rápido hasta cansarnos. En realidad, pienso que es más fácil tocar rápido que construir algo interesante sobre un tempo lento. Por lo menos, esa es mi opinión.

¿Es consciente de que los músicos que tocan con usted parecen dar lo mejor de sí mismos?

Debe ser un problema de ondas cortas [risas]. En realidad, intento ayudar a la gente que está a mi alrededor, empujarlos para que lleguen al fondo de sí mismos. Intento que se expresen como yo, porque, cuando uno es un músico de verdad, tiene que ser capaz de captar las ideas al vuelo antes de que éstas se posen sobre ti. En mi opinión, cuando Coltrane ha tocado mejor ha sido conmigo. Charlie Rouse, cuando era miembro del grupo de Tadd Dameron, tocaba demasiado parecido a Parker. Ahora, aunque esté cerca de mis concepciones musicales, es mucho mas personal y es mejor así. Usted me informó ayer que hace algunas semanas Rollins le dijo que la música tenía que ser el reflejo de la personalidad de uno mismo y de su comportamiento en la vida diaria. Esto es muy bonito en teoría, pero ¿cuántos músicos son capaces de hacerlo? La mayoría no toca su música sino la de otros, y se contentan simplemente con transformarla.

En relación con las sesiones para Prestige donde se grabaron los ahora históricos "Bags’ Groove" y "The Man I Love", mucho se ha escrito sobre las diferencias que al parecer hubo entre usted y Miles Davis y, en especial, sobre el hecho de que éste le pidiera que no le acompañase en sus improvisaciones. ¿Qué hay de cierto?

Estas historias de discusiones son un invento. Lo que es cierto, es que todos hemos guardado un mal recuerdo de esta grabación. Las condiciones eran deplorables. Todos estábamos cansados. El productor estaba de mal humor. Era el día de Nochebuena y todos teníamos prisa de volver a casa. Todo lo que nos dijimos ese día no debería haber salido nunca del estudio. No acompañar a un solista, se llame Miles Davis o John Coltrane, es un procedimiento que me es familiar. Forzando al solista a apoyarse sólo en el bajo o la batería, se obtiene una sonoridad, una construcción de los solos, muy diferentes. Este procedimiento no es nuevo. Roy Eldridge lo utiliza desde hace mucho tiempo.

Cuando me piden que no toque mientras un solista improvisa, lo hago y punto. No hay que buscar razones extraordinarias. Miles y yo no nos peleamos. La prueba es que después de la grabación, vino a mi casa y pasamos todo el día juntos y hasta me costó desembarazarme de él aquella noche. Miles no puede darme consejos: él sabe muy bien que le enseñé demasiado para que pueda permitirse hacerlo. Cuando, siendo jovencito, vino a Nueva York, se matriculó en la Julliard. Durante esa época a menudo subía al escenario con nosotros, no sólo para tocar, sino sobre todo para aprender. En realidad, sus verdaderas clases las recibió en los escenarios de los clubes donde tocábamos y no en la Julliard.

¿Qué opina de la nueva evolución, del giro que está tomando actualmente el jazz bajo la influencia de jóvenes músicos cuyo jefe de fila parece ser Ornette Coleman?

Actualmente, están introduciendo en el jazz algo que desapruebo. Hablan de libertad pero, bajo el pretexto de liberarse, uno no tiene derecho a volverse ilógico, incoherente, a caer en la anarquía hasta el punto de no construir nada, de tocar simplemente un montón de notas, unas detrás de otras. Y no hay beat. No se puede marcar el tempo con el pie. Creo que es una plaga que está afectando al jazz, con hombres como Ornette Coleman, por ejemplo. Hay una nueva concepción que consiste en buscar lo inesperado, en sorprender, en destruir, y el jazz tiene, ante todo, que contar una historia que resulte aceptable para todos. Todos quieren ocupar el primer lugar, convertirse en el músico de quien se habla más y para lograrlo están dispuestos a hacer cualquier cosa. Todo músico debería fiarse únicamente de sí mismo, dominar las ideas que lleva dentro y no preocuparse de lo que piensan los demás, de lo quiere el público; si se deja influir, demuestra que no es un buen músico y que lo sabe. Incluso Rollins parece haberse visto afectado. Por eso no he querido escucharle últimamente. Sonny es un músico tan maravilloso que no puedo soportar la idea de que probablemente se oriente en esa dirección.

Algunos músicos, entre ellos Rollins, Mingus y Roach, parecen querer convertir el jazz en una especie de plataforma para sus reivindicaciones sociales y políticas. ¿Le preocupan a usted los problemas raciales?

No, es algo que no me preocupa. Sé que algunos artistas sienten de manera especial estos problemas que, es indudable, siguen existiendo en Estados-Unidos aunque, desde la llegada de Kennedy, se han realizado muchas mejoras, en especial en el campo de la educación. Pero yo no me preocupo por el color de mi piel. Nunca pienso que soy un negro. O, más bien, no quiero pensar en ello. No quiero imaginar cómo hubiera sido mi vida si hubiera tenido otro color de piel. Hasta la guerra de secesión, sólo fuimos esclavos y de pronto nos dijeron: "Todos los ciudadanos que viven en Estados Unidos son americanos y tienen los mismos derechos". Pero esto no es más que un sueño. Al principio, no teníamos idioma, tuvimos que aprender la lengua del país. No teníamos religión, nos convirtieron al cristianismo. En realidad, no teníamos casi nada. Nuestra única riqueza era nuestros cantos y nuestra música. Ahora, el tiempo ha pasado. Me siento americano y nunca miro atrás para saber cuáles eran las condiciones de vida de mis antepasados. Esto no impide que sea consciente de todo el progreso que queda aún por realizar.

Por tomar sólo un ejemplo: en ciertos lugares públicos, usted lo sabe, hay carteles que te prohíben la entrada simplemente porque tu color de piel es negro. Usted puede ser el hombre más rico del país, nunca llegará a entrar en estos lugares. En otros, donde sí nos admiten, nos llegan a insultar, a tratarnos de "sucios negros" por individuos que ni siquiera nos reconocen el derecho a vivir. Esto, evidentemente es algo que no puedo olvidar, pero no quiero expresarlo a través de mi música porque el jazz, si tiene la pretensión de ser universal, debe ser únicamente música. Si algunos prefieren a un pianista como Dave Brubeck antes que a mí, por ejemplo, y que, en ocasiones, los organizadores de conciertos me contratan cuando hubiesen preferido que participase Brubeck, ¿qué importancia tiene? Si Brubeck gana más dinero, si es más apreciado que yo, mejor para él. El algo que no me planteo. Lo que me aporta mi música es más importante que lo que pudiera permitirme adquirir a nivel financiero o de fama. Pero, dejemos ya estas cuestiones raciales. Soy muy prudente sobre es tema y no quiero hablar de ello. Sé que mi música puede ayudar a los hombres a acercarse los unos a los otros y esto es lo esencial. Creo sinceramente que el jazz es lo que más ha hecho para que la palabra amistad alcance un día, en Estados Unidos, su verdadero significado.

Entrevista Martirio

Entrevista Realizada por Manuel López Gómez

Información tomada de TomaJazz:
http://www.tomajazz.com/perfiles/martirio.htm


Maribel Quiñones, el personaje artísticamente conocido como Martirio tiene una larga carrera artística. En la transición formó parte del mítico grupo Jarcha. Mediada la década de los 80 colaboró en el grupo de Kiko Veneno. En la década de los 90 la multinacional CBS intentó lanzarla al estrellato en solitario. 1997 vio la edición de Coplas de Madrugá, aproximando la copla y el jazz en cuarteto con Chano Domínguez, Guillermo McGuill y Javier Colina. El año 2004 ha visto el reencuentro discográfico a nombre de Martirio y Chano Domínguez como Acoplados. Manuel López habló con la cantante sobre su carrera y este nuevo trabajo discográfico.


© Jesús Ugalde, 2004

Manuel López – Tomajazz: Si te parece, Maribel, vamos a hablar de cómo empezaste en esto de la música. Cómo empezó a germinar en ti la idea de hacerte cantante y quienes fueron tus maestros.

Martirio: En mi casa siempre estuvo presente, mi madre canta muy bien, y mis padres eran muy aficionados a la música, el teatro, la radio, el cine... Había mucha sensibilidad artística, aunque mis padres fuesen nada más y nada menos que "amateurs".

Recuerdo que cantaba siempre, desde pequeña. Con 15 años mi padre, a instancias mías y como buen aficionado al flamenco, me puso un profesor de guitarra que se llamaba el maestro Rofa, en Huelva, y me enseñó a conocer todos los palos del flamenco. A partir de ahí mis maestros han sido los que yo elegí de forma autodidacta; yo aprendo oyendo y escribiendo las letras en cuadernos desde que me acuerdo. Tengo influencias desde Lole y Manuel a Atahualpa, de Chavela a Fernanda y Bernarda, de Los Montoya a Edith Piaf, María del Mar, Amalia Rodrigues, de Leonard Cohen a Enrique Morente, de Soledad Bravo a Marta Valdés, de Compay a Camarón, de Pata Negra a Mina, de Javier Ruibal a Gema y Pabel, de Kiko Veneno a Billie Holiday, de Marife a Cassandra Wilson...De Battiato a Paolo Conte... Música, música, música y letra... mi alimento.

Manuel López – Tomajazz: ¿Y qué música te gustaba de jovencita? ¿Qué música escuchabas principalmente en tus años mozos?

Martirio: Me gustaban el pop y el rock; el que se hacía aquí y el que venía de Inglaterra y Estados Unidos; la música romántica italiana; me encantaba el Soul. Yo llevaba siempre los discos a los bailes de pandilla y pinchaba... La primera persona que me dio fuerte para aun sin saberlo decidir que sería cantante fue el mejor fandanguero que ha existido: Paco Toronjo de Huelva. Cuando yo le vi de adolescente... esa verdad, ese hombre que se partía cantando y modificaba como en una ceremonia a los oyentes, eso, creo fue lo que más me decidió que yo recuerde. Y una frase que él decía, pues era un gran filósofo y autor de la mayoría de sus fandangos: "Todo el que dice yo soy, es porque no tiene a nadie que le diga: ¡Tú eres!



Manuel López – Tomajazz: Esta entrevista es para la publicación jazzística Tomajazz. Tengo que decirte que me sorprendí tremendamente cuanto supe y escuché tu disco Coplas de Madrugá con Chano, y tu proximidad con este universo jazzístico. ¿De dónde viene tu relación con el Jazz?

Martirio: Mi relación con el jazz viene de primeras de la mano del cine, que es donde lo descubro. Luego empiezo a escuchar a Billie Holliday, Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald, Louis Armstrong... Y ya después, oyendo y aficionándome mucho más, descubro que no hay mejor música para distinguir el valor y el significado de cada instrumento y para que cada solista tenga su sitio y su tiempo de creación y expresión con el apoyo de todos los demás. Escuela de voz, ritmo y compás.

Manuel López – Tomajazz: ¿Qué cantantes y músicos son los que más te gustan?

Martirio: Como cantantes Chet Baker, Billie Holliday, Sarah Vaughan. , Ella Fitzgerald. , Sheila Jordan, Cassandra Wilson, Shirley Horn, Abbey Lincon... En cuanto a instrumentistas Miles Davis, Thelonious Monk, Bill Evans, Duke Ellington, Charlie Haden, Chano Domínguez, Gonzalo Rubalcaba, Javier Colina, Jerry González, Rubén González, Bebo Valdés...

Manuel López – Tomajazz: Se percibe una gran empatía entre Chano y tú Una gran química. ¿Cómo conociste a Chano?

Martirio: Conozco a Chano desde el 85 en que tocábamos juntos con Kiko Veneno, y desde ahí nos hicimos amigos. Nos queremos mucho y nos admiramos. Y sobre todo: la Sinceridad, la Risa y la Música nos unen.



© Jesús Ugalde, 2004

Manuel López – Tomajazz: Creo que tuvisteis muchas dificultades para grabar vuestro primer disco Coplas de Madrugá. ¿Cómo fue la grabación de este disco?

Martirio: Estuvimos en el Puerto de Santa María, en casa de Chano durante un montón de días. Hacía un frío de muerte, pero los dos de tan enfrascados que estábamos no nos dimos cuenta de la tortícolis que teníamos de mirarnos trabajando, que nos duró 15 días. Luego, con una ilusión tremenda y con la seguridad de que estábamos haciendo un proyecto de verdad y del presente de la música española, presentamos el proyecto en la multinacional donde yo había grabado el último disco He Visto Color y no les pareció bien y me dieron la carta de libertad. Buscamos el dinero, y yo, que trabajaba en Lluvia de Estrellas, pude financiarlo con un socio, J.M. Fabra, y lo editó El Europeo en un precioso disco libro, de los primeros que se editaron, recogiendo una información hecha con mimo y cariño, desconocida hasta entonces para mucha gente. Y Chano y yo, con Guillermo McGuill y Javier Colina, pudimos llevar la copla donde nunca había estado, como clubes de jazz o festivales de S. Sebastián a Venezuela, de Portugal a Miami.

Manuel López – Tomajazz: ¿Y cual es la clave de tu empatía con él?

Martirio: Hay cariño, conocimiento, confianza, admiración, respeto y crecimiento juntos. También tenemos mucha guasa, ambos. Creo que nos sumamos mutuamente, artística y personalmente. Aunque tengamos nuestras diferencias y discusiones, terminamos llegando siempre a un punto de encuentro común.

Manuel López – Tomajazz: A mí Chano me parece un tremendo músico...

Martirio: A mí me parece un privilegio que tenemos, en donde aprender y disfrutar. Abre verdaderas puertas a la música y con él se viaja por aromas, memoria, sentidos, países y sentimientos que elevan la riqueza del alma.

Manuel López – Tomajazz: ¿En qué medida tu imagen rompedora te ha condicionado tanto para bien como para mal?

Martirio: Al ser yo la que la decidió desde el principio lo que me gustaba, lo que sentía con la imagen, creo que es muy buena y estoy muy satisfecha con la síntesis que expresa, a la que le doy de comer y va evolucionando. Es cierto que en un principio se me veía más que se me oía, pero eso ya pasó, y ahora ven y oyen.

Manuel López – Tomajazz: Tu relación con las músicas Cubana y Brasileña. Cuéntanos tus experiencias.

Martirio: Empieza con La Nova Trova, de la que me sé todas las canciones que pude retener. Después con La Semilla Del Son que editó Santiago (ndr: Auserón, fundador del grupo pop español Radio Futura), fui conociendo más la música popular cubana. Luego empariento con Compay en disco y gira y me meto de lleno en el son, Buena Vista, y toda la explosión de Benny Moré, Matamoros, María Teresa Vera... Me encanta Lecuona. Después con Gema y Pabel llego a conocer a Marta Valdés que me sigue influyendo hoy y me hace conocer el bolero “filin”, Elena Burke, Omara, Portillo, Ñico Rojas, Frank Emilio, etc...
De la música brasileña empecé por Astrud Gilberto, luego toda la obra de Vinicius, Toquinho, Maria Betania, Gal Costa, Simone, Maria Creusa, A. C. Jobim, Caetano, Gilberto, Joao Gilberto, Milton, y ahora me encantan Adriana Calcanhotto, Rosa Pasos y mucha más gente, pero no he tenido aún ningún contacto musical, aunque todo se andará, si la vida quiere.



Manuel López – Tomajazz: ¿Cómo ves tu última colaboración discográfica con Chano? ¿Cómo ves tu música en ese contexto de Big Band?

Martirio: Nos apetecía situar nuestra música en un nuevo contexto. En el escenario resultaba muy bonito estar en el medio de todo ese sonido tan rico, tan nuevo para mí. Una experiencia muy grata.

Reflexiones sobre la Muerte del Jazz

Artículo de Diego Sánchez Cascado, 2006

Información tomada de TomaJazz:
http://www.tomajazz.com/perfiles/reflexiones_muerte_jazz.htm


“Miles Davis: trompetista nacido en Alton, Illinois, en 1926, que deliberadamente ha dado la espalda a la tradición de su raza y que se puede citar como modelo de anti-jazz”. Diccionario del Jazz de Hughes Panassié y Madeleine Gautier.

El jazz ha muerto varias veces a lo largo de su corta pero intensa historia. Para muchos murió a finales de los 60 con el free jazz, considerado el caos hecho música o la música hecha caos. Pero antes, en los 40 el bebop ya había enterrado el “jazz verdadero”. Para algunos recalcitrantes incluso, la era del swing no fue más que una desnaturalización del “jazz puro” de Armstrong, Beiderbecke o Morton.

Es cierto que hoy el jazz no vive sus mejores momentos, ni en cotas de popularidad (y, como consecuencia de ello, en ingresos) ni en creatividad, si lo comparamos con los años dorados, sean –dependiendo de gustos y puntos de vista- los 60, los 50, los 30 o los 20.

Pero esta crisis también la sufren otras “disciplinas” artísticas, si nos atenemos a lo que reflejan los medios de comunicación mayoritarios, las ferias, las carteleras, las librerías o los festivales de alto copete. El fin de la novela se lleva afirmando y anunciando desde hace varios lustros. No hablemos de la poesía o del teatro… Las bellas artes, las artes plásticas, han consumido ya todos los “ismos” y los “pos” existentes y las “nuevas tendencias” demuestran por lo general pereza intelectual o confusión o reciclaje de estilos antiguos o papanatismo… El cine sigue la tendencia de los refritos y para encontrar alguna pepita de oro hay que remover en un enorme lodazal. La música “clásica” occidental es un conservatorio, en el peor sentido-literal de la palabra, dominado por un funcionariado que defiende con uñas y dientes sus prebendas y rehuye toda novedad. El pop-rock vive un estado lamentable, con una industria y una prensa que trata –sin éxito- de crear de forma artificiosa la gran esperanza blanca o negra que pueda recoger la antorcha de las glorias de los 60-70 o incluso de los 80 (que hay que echarle).

Yendo más lejos, algunos hablan de fin de la historia. Esto parece el Apocalipsis. Sólo falta que clonen a Cristo para que nos anuncie el fin del mundo. Es cierto que vivimos tiempos convulsos, con nuevas tensiones y reajustes surgidos, mayormente, tras el hundimiento de la URSS, el despegue económico de China, India y compañía, el triunfo (?) de la globalización, internet y la (r)evolución tecnológica. Son tiempos de crisis pero en sentido literal, es decir “mutación importante en el desarrollo de un proceso”, sea para bien o para mal.

Pero volvamos a nuestro redil jazzístico.

El jazz alcanzó su mayor cota de popularidad en los años treinta, al ser la música popular y de baile por excelencia. A partir de los 40 con la aparición del bebop, pero también del rhythm and blues y del rock, cedió el título de “chica más popular del instituto” a estos estilos, evolución que se confirmó e incrementó con el paso del tiempo. A partir del bebop, el jazz se volvió más abstracto y más complejo, pasó de ser una música popular a una música culta –un caso inhabitual en la historia de la música-, es decir, minoritaria, se quiera o no, y, se quiera o no, es una tendencia que parece no tener vuelta atrás –al menos en la próxima centuria o milenio-, pese a los intentos -en su inmensa mayoría infructuosos- de volver a “popularizarlo”, sea con las (in)fusiones, el jazz-rock, el jazz-pop, el ataque de los jóvenes clones o los guapos y guapas cantantes llenos de glamour que perpetran el enésimo recopilatorio navideño…

En su corta existencia (menos de 100 años) el jazz ha tenido una evolución enorme –equivalente a varios siglos en otros estilos musicales anteriores-, relativamente lineal y consecuente, pero menos de lo que la descripción histórica hace creer. Desde los años 20, en cada década ha imperado un estilo que se ha venido a sumar a la corriente principal. Una historia marcada –a grandes rasgos- por tres revoluciones o rupturas (aunque estas últimas fuesen continuaciones lógicas de las anteriores): en los años 20 con el paso de la improvisación colectiva a la aparición de la figura del Solista con mayúsculas de la mano de Armstrong sobre todo, pero también de Béchet y Beiderbecke; en los 40 con el bebop; y en los 60 con el free. E intercaladas entre ellas, unas evoluciones de los desarrollos anteriores, con el swing en los 30 y el hard-bop y el cool en los 50. Una historia pues, hecha de rupturas (basadas, sin embargo, en lo anterior: aunque se trate de “matar al padre”, se sigue siendo un “hijo de”) y desarrollos de dichas rupturas.

Esta es la visión general, rápida y cómoda de la historia del jazz que, sin embargo, oculta otros elementos (o estilos), tal vez secundarios, pero importantes para comprender su evolución. Esta “historia oficial” presenta un desarrollo mucho más consecuente, lógico y simplificado de lo que realmente ha sido (a lo que no ayuda la perspectiva de la historia contada a través de las grabaciones disponibles). Quedan en el olvido muchos de los experimentos fallidos, muchos de los experimentos logrados pero que no tuvieron la trascendencia suficiente por falta de músicos que siguieran sus pasos o por pasar desapercibidos en el momento de su creación, las contradicciones, las luchas, las crisis… Esta noción (o visión o versión) va de la mano de la compartimentación estilística hecha por los historiadores, críticos, periodistas y, en consecuencia, por los aficionados.

Los músicos que no se encuadran en un estilo determinado y definido (por otros) son relegados y los errores de apreciación abundan: el West Coast no es en realidad un estilo (emparentado e incluso confundido con el cool) sino simplemente una situación geográfica. Teddy Edwards, Wardell Gray, el quinteto de Max Roach y Clifford Brown, y Eric Dolphy, Ornette Coleman, John Carter y Horace Tapscott también son “West Coast” (sirva como guiño el fantástico disco “West Coast Hot” que reúne grabaciones de Tapscott y John Carter). Lennie Tristano y su escuela, siempre catalogados como “cool” (con el componente racial –blanco- y despectivo –intelectual, frío- que lleva consigo) tienen, a nivel estilístico, una mayor relación con el bebop puro y duro que con el cool de Shorty Rogers, Chet Baker o Gerry Mulligan. Jimmy Giuffre, otro supuesto “ejemplo” del cool y West Coast, es uno de los innovadores más injustamente olvidados de la historia del jazz, músico inclasificable que ha hecho cool, sí, pero también ha propuesto mucho antes que otros otra visión del free (un free “sin testosterona”, delicado y cargado de silencios), ha coqueteado con la Tercera Corriente e incluso se ha divertido con el rhythm and blues. O Monk, nombrado “sumo sacerdote del bop”, cuando su música es tan bop como stride, pero es ante todo “monkiana”. ¿Qué decir de todo una pléyade de músicos que en los 60 no hacían hard-bop ni free, pero que nadaban entre estas dos aguas y que, con el paso de los años, han tenido –y tienen- una influencia considerable? Me refiero a Andrew Hill, Bobby Hutcherson, Graham Moncur III, Booker Little e incluso Wayne Shorter y el segundo “gran” quinteto de Miles Davis, por citar tan sólo a un puñado.

Pero, ¿y después de los 60 qué?, se preguntará el sufrido lector que haya llegado hasta aquí. Pues aquí empieza lo difícil. No sin razón, se puede decir que el free jazz marcó un callejón sin salida de la evolución antes descrita: la sensación de que con él se agotaban los recursos exploratorios, ya no se podía ir más lejos (el socorrido “¿y ahora qué?”). A ello se une el hecho de que coincidió con el final de la “década prodigiosa” de 1955 a 1965, sin parangón en la historia del jazz por la acumulación de músicos de primerísima línea –en la que coincidieron las nuevas figuras con grandes supervivientes de las décadas anteriores-, de estilos diferentes, de sellos y productores fundamentales. Con el free jazz se acaba el continuum (el posterior jazz-rock o fusión –termino que no significa nada- es el último balbuceo de esta concepción historicista).

Y ahí es donde surge la teoría o la percepción del fin del jazz que sigue acechando y vuelve por oleadas de tanto en cuanto. Y, evidentemente, el culpable, el sepulturero es siempre el free. Pero, como hemos dicho antes, el descenso en la parte de mercado del jazz (el tipo de vocabulario utilizado es intencionado) se inició ya en los 40. El hecho de ser popular, de tener éxito de ventas no significa gozar de mejor salud creativa, ser “mejor”, muchas veces al contrario (pero también se puede decir lo “contrario de lo contrario”: no por ser minoritaria, una música es más válida). No hay que olvidar que lo que motivaba y motiva a músicos de alto nivel (como son la mayoría de los jazzistas) a hacer jazz no es un deseo de notoriedad o de tener una grifería de oro –si es así, están muy despistados- sino que es una decisión artística, un deseo interior o la evolución de una tradición. Estas son afirmaciones trilladas, que deberían ser evidentes pero que, por desgracia, parecen no serlo (no son tiempos para andar con sutilezas, como decía Zappa).

Las historias del jazz más recientes, los documentales, las selecciones de la “discoteca básica” suelen obviar en gran medida los 30 últimos años del jazz. ¿Consecuencia de un descenso marcado de la calidad? Tal vez, pero ni mucho menos tan marcado. ¿Falta de perspectiva histórica? ¡Por Shiva, si ya han pasado 38 años desde que Coltrane (el último mesías) se fue al otro barrio! En opinión de quien esto escribe, se debe sobre todo a la indefinición del jazz actual, a la falta de una corriente principal como en las décadas anteriores, a la tardanza en el advenimiento de un nuevo mesías redentor que marque el camino. Difícil trabajo el de los historiadores del jazz, tan aficionados a los compartimentos estancos, a la hora de describir la evolución (se acepta que no ha habido Revolución) del jazz en las últimas décadas. Hay una falta absoluta de imaginación a la hora de parir apelaciones válidas para los diversos estilos (aunque hay que reconocer que la tarea es ardua). ¿Post-free? ¿Post-bop? Muy facilón y además no quiere decir gran cosa. ¿Jazz contemporáneo? Aún más vacío...

La impresión es que llevamos 30 años de sindiós, de “sin brújula”. Por eso no es extraño que tenga gran fuerza el revivalismo/revisionismo. El revisionismo de un Marsalis y su corte que anhela una vuelta a la edad dorada y que se queda en lo museístico, en la naftalina, cuyas brasas (que no fuego) están avivadas por una industria y una prensa deseosa de una vuelta del glamour y de las ventas. Un revisionismo en Vandermark y otros muchos músicos respecto al free jazz, con intenciones loables (dar cartas de nobleza al free, el culpable del asesinato) y resultados, por lo general, mucho más convincentes que los “otros” revivalistas.

La principal característica del jazz actual –y de los últimos 20 años- es el eclecticismo, que no es un estilo per se, pero sí es el rasgo predominante. El eclecticismo recurre a elementos exógenos (folclores, ritmos, instrumentos, convenciones), algo connatural a una música en esencia mestiza como el jazz, pero que se ha multiplicado, en gran medida por la “globalización jazzística” y la aparición de escenas y músicos de relieve en numerosos países. No hace falta decir que este eclecticismo hace que la catalogación resulte aún más difícil: los estilos del jazz se vuelven fronterizos y las fronteras se diluyen. ¿Dónde empieza el jazz y dónde acaba en Zorn, en Cecil Taylor, en Braxton, en Frisell, incluso en Threadgill? ¿Es klezmer lo que hace Masada? ¿Es folklore lo que hace Trovesi? ¿o Baldo Martínez? Desde luego que no, pero para algunos tampoco es jazz (no para quien esto escribe)… ¿Cuánto hay de vanguardia “clásica” occidental en un disco (magnífico) como Camallera de Agustí Fernández? ¿Y en Barry Guy?

El jazz necesita una reevaluación histórica sólida y seria, pero músicos de interés no faltan. Ahí están –en una muy rápida enumeración- Tim Berne - principal heredero del downtown neoyorquino de los 80-, Steve Coleman, Greg Osby impulsores del M-Base (movimiento de una importancia mayor de la que se cree que ya tiene su siguiente evolución notable con Viyay Iyer y Rudresh Mahanthappa), Ellery Eskelin, Uri Caine, Craig Taborn, Jason Moran, Dave Douglas, Steve Lehman, los supervivientes de la generación de los lofts y miembros de la AACM (Wadada Leo Smith, Bill Dixon, sir Henry Threadgill, Anthony Braxton), Cecil Taylor, Myra Melford, Marilyn Crispell… Y luego los europeos, con su propia idiosincrasia: la escena italiana, los nórdicos, los franceses, los holandeses, los británicos…

El jazz no vive uno de sus mejores momentos –tal vez esos mejores momentos no vuelvan- pero no está muerto ni mucho menos. Su porción del pastel del negocio musical es ahora muy pequeña y, con ello, su “visibilidad”, como se dice ahora. Salvo honrosas excepciones, el buen jazz, el estimulante, el vital, se sigue desarrollando en el subsuelo mercantil, detrás de puertas anónimas en locales improbables, en pequeños sellos más o menos confidenciales. Vayamos a por él.